sábado, 1 de agosto de 2026

Quinta Parte sobre la virtud de La Humildad, septiembre 2023




6.º La humildad es la virtud que al momento encuentra a Dios, y más se acerca a él.

«Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros», dice el apóstol Santiago (4, 8). ¿Preguntáis cuál es el camino más corto para acercarnos a Dios? Humillaros.

Dice San Agustín: «Ved, hermanos míos, un gran milagro: Dios está muy alto, y si queréis subir hasta Él, huye de vosotros; pero si os humilláis, baja hasta vosotros» (Serm. II. de Ascens).Lo mismo dice el Rey Profeta: «Desde lo alto de su trono mira el Señor a los humildes, y rechaza lejos de sí los votos de los soberbios» (Salmo 137, 6). Añade: «El hombre subirá sobre su corazón orgulloso, y Dios se elevará todavía más arriba» (Salmo 63, 7-8)

San Agustín: «En las cosas visibles hemos de subir mucho para ver mejor; pero para acercarnos a Dios y verle, no hemos de elevarnos, sino bajar» (Serm. 2. de Ascens).

Un pecador humilde encuentra más pronto a Dios que un justo soberbio. Con los pasos de la humildad subimos hasta la cumbre del cielo. Aprendamos pues a ser humildes; sólo así nos acercaremos a Dios.

Oigamos a Isaías: «He aquí lo que dice el Altísimo, el muy sublime, aquel cuyo palacio es la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: «Habito más allá de los cielos, y oigo los suspiros del corazón humilde; vivifico a los espíritus humildes» (Isaías 57, 15) Notad aquí la admirable grandeza de Dios, y su magnificencia en la maravillosa combinación con que une los dos extremos; pues une la suprema elevación con el supremo abatimiento, el cielo y el humilde; Él, que está elevado hasta el infinito, se une a la suprema nada que se humilla. Habita en el corazón humilde como habita en el cielo, porque se hace un cielo del corazón humilde. Así eleva Dios a los humildes hasta el cielo, hasta la eternidad. Elevados así, ¿cómo no han de hallar a Dios, puesto que está en ellos, y ellos en Él?

7.º La humildad es la destrucción del pecado.

San Egidio, dice admirablemente: «La humildad es como el rayo, que a la verdad hiere, pero desaparece; así la humildad hiere y destruye todo pecado, y hace que el hombre se considere como la nada a sus propios ojos».

El humilde es casi impecable, porque desconfía constantemente de sí mismo, y sólo confía en Dios. Vela, teme, huye y ruega.

Todos los pecados del corazón humilde quedan perdonados y borrados, según aquellas palabras del Salmista: «Señor, no os acordéis de nuestras iniquidades pasadas, y apresúrense a prevenirnos vuestras misericordias, porque hemos sido muy humillados» (Salmo 78, 8). «un corazón contrito y humillado, Tú no lo desprecias» (Salmo 50, 19)

Dice San Agustín: «Dios olvida nuestros pecados cuando los reconocemos y humildemente los confesamos» (Lib. Confess.) El hombre cae en el pecado por orgullo, y se levanta por humildad. Jamás un corazón humilde ha quedado en el pecado; jamás rehúsa Dios perdonar al humilde.

 8.º La humildad hace ángeles de los demonios.

San Anselmo dice: El orgullo de los ángeles hizo demonios; y la humildad, por el contrario, convierte en ángeles a aquellos hombres que parecen endemoniados» (Lib. de Similit.)

San Gregorio: «Por medio de la humildad los hombres ocupan el lugar de los ángeles que se hicieron apóstatas por el orgullo».

El mayor de los pecadores se convierte en ángel si se humilla. Véase a David, al Publicano, a Pablo, a Magdalena, a Agustín, etc. Todos estos grandes pecadores llegaron a ser grandes Santos por la humildad. Dios perdonaría hasta a los demonios que están en el infierno si pudiesen y quisiesen humillarse.

9.º La humildad es el sacrificio más agradable a Dios.

«La humildad es el mayor y más excelente de todos los sacrificios», dice San Juan Crisóstomo (Homil. II. in Psalm. 50). En efecto: la humildad es el sacrificio del corazón, del alma, del espíritu, de la voluntad, del cuerpo, del hombre todo.

10.º La humildad ilumina y hace conocer la verdad.

San Bernardo: «En la humildad profunda es donde radica el conocimiento de la verdad».

Dios no se revela más que a los humildes. Jesucristo, dirigiéndose a su Padre, dice: «Os doy gracias, oh, Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes (es decir, a los orgullosos), y haberla revelado a los pequeños (a los humildes)» (Mt. 11, 25)

Si los herejes están en el error y fuera de la verdad, es porque son orgullosos. La ausencia de la humildad del espíritu y del corazón es la mayor de las desgracias para el hombre, y el mayor castigo de Dios. Un espíritu humilde no necesita más que la fe para ver y conocer todas las verdades esenciales a la salvación; mientras que el orgulloso no quiere más que su razón. Y como Dios se ha retirado de su espíritu, la razón está oscurecida y alterada, ya que el hombre sin Dios no es más que un insensato.

11.º La humildad da la verdadera libertad.

Dice el Rey Profeta: «Me he humillado y Dios me ha dado la libertad». (Salmo 114, 6)

«El que se humilla, el que confiesa su dependencia, merece la libertad de la gracia» (Homil. II. in Psalm. 50)

La humildad queda victoriosa de los movimientos de la ira; es superior a las ofensas y a toda clase de dificultades; queda siempre victoriosa de los demonios, del mundo, de la carne, de todos los pecados, de todos los obstáculos, y abre el camino y la puerta del cielo. ¿Dónde una libertad más bella y preciosa que la que nos proporciona la humildad?

12.º La humildad da la verdadera sabiduría.

«En todas partes donde habita el orgullo está cerca la confusión; pero la sabiduría habita con los humildes», dicen los Proverbios (11, 2)

«La humildad merece ser guiada por la luz de Dios, y la luz de Dios es la recompensa de la humildad», dice San Agustín (CIV. in Joann.)

13.º La humildad da la paz.

«Aprended de Mí, pues que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso vuestras almas», dice Jesucristo (Mt. 11, 29). La hija de la humildad es la paz del corazón. El humilde está en paz con Dios, con el prójimo y consigo mismo.

14.º La humildad alcanza la gracia.

«Dios da su gracia a los humildes», dice Santiago (4, 6). «La gracia del Espíritu Santo no puede habitar en aquel que no es humilde», dice San Agustín (CIV. in Joann.) Así pues, la gracia del Espíritu Santo habita en un corazón humilde. Ninguna gracia niega Dios a la humildad.

15.º La oración del humilde siempre es oída.

Dice David: «Dios oye la oración del humilde, y nunca la desatiende. Graben en su memoria las generaciones esta consoladora verdad» (Salmo 101, 18-19)

Y Judith: «Señor, siempre os ha sido agradable la oración de los humildes, y de los misericordiosos» (Jud. 9, 16)

«Oíd mi oración, Señor, porque estoy profundamente humillado» (Salmo 141, 7)

Sexta y última parte sobre la virtud de la Humildad Tesoros de Cornelio a Lapide 2º Tomo

 Presentación: La Humildad 6° parte 

 
Comentario de
CORNELIO A LÁPIDE 
sobre La Virtud de la Humildad 
6° parte

16.º La humildad asegura al hombre lo que es necesario a la vida, y hasta le asegura la abundancia

«Los valles se cubren de mieses», dice el Salmista (64, 14). Los valles representan a los humildes. Añade el Salmista: «Ya veis, Señor, fuentes en los valles; sus aguas corren al través de las montañas» (103, 10)

 17.º La humillación es un bien precioso

«¡Qué ventajoso es para mí, y qué bueno, Señor, el que me hayáis humillado!», dice el Profeta David (Salmo 118, 71) Las humillaciones nos hacen reconcentrar, hacen volver al hombre de sus extravíos, le abren los ojos, le desprenden de los bienes, de los honores y de los placeres del mundo, le hacen conocer la nada del cuerpo y de todas las criaturas, y le inclinan a no unirse más que a Dios, que es el único rico, grande, bueno, soberanamente amable y digno de admiración y de alabanza.

 18.º La humildad satisface toda justicia

Con la humildad pagamos cuanto debemos a Dios; porque el hombre humilde se somete a Dios por espíritu de religión, y hace cuanto Dios le exige. Satisface sus deudas con el prójimo con una atención y una caridad sinceras; pues el hombre humilde es siempre caritativo, dispuesto a prestar servicios, a socorrer, a ayudar y a consolar. Ved a las humildes hijas de la caridad en los hospicios que hacen su trabajo humilde y por amor a Dios. El hombre humilde satisface también las deudas que tiene consigo mismo, sujetando el cuerpo al alma con la continencia, y sometiendo el espíritu a Dios.

 19.º La humildad place infinitamente a Dios

Dice San Luis, obispo franciscano de Tolosa: «Nada es tan agradable a Dios como una vida llena de méritos y acompañada de una grande humildad; porque somos tanto más agradables a Dios,cuanto más nos despreciamos a nosotros mismos por Él».

Los humildes son los predilectos, los favoritos de Dios.

 20.º La verdadera dicha está en la humildad

«Bienaventurados es decir felices, los pobres de espíritu», nos dice Jesucristo, es decir, los humildes (Mat. 5, 3). Y Dice San Agustín: «Con mucha razón entendemos por pobres de espíritu a los humildes, porque su espíritu no está hinchado de orgullo.

El principio de la gracia, de la gloria, del reino celestial, es la humildad; y es muy cierto que la verdadera dicha sólo se halla en la gracia y en la gloria celestial.

Dice San Nilo,discípulo de San Juan Crisóstomo: «¡Bienaventurado aquel cuyo espíritu es muy humilde!»

Dice San Jerónimo al hablar de Santa Paula una de sus discípulas: «Huyendo de la gloria, se hizo merecedora a la gloria». Y María dice: «Habiendo el Señor puesto su consideración en la humildad de su sierva, todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc. 1, 48).

«Llenos de humildad esperamos el consuelo del Señor», dice Judith (8, 20)

Y nos dice San Efrén, Doctor de la Iglesia: «La humildad es una gran felicidad y gloria; no tiene caída ni ruina»

Y Séneca: «Si queréis ser felices, pensad primero en despreciaros a vosotros mismos, y desead ser despreciados por los demás» (Prov.)

Dios consuela, llena de alegría y vivifica a los humildes.

21.º La verdadera perfección está en la humildad

La virtud de la humildad es el árbol de vida que crece y se eleva siempre.

Cuanto más llena está la espiga, más se inclina al suelo; cuanto más cargado de frutas está el árbol, más ceden sus ramas. Lo mismo sucede con el humilde.

22.º La humildad asegura la salvación

Dice el rey Profeta (David): «Señor, salvaréis al pueblo humilde» (Salmo 17, 28) «Dios salvará a los espíritus humildes» (Salmo 33, 19)

Y ¿cómo no ha de salvarse el humilde, siendo la humildad de Jesucristo y de María causa de nuestra salvación?

San Juan Crisóstomo dice: «La humildad ha hecho entrar al buen ladrón al paraíso antes que a los Apóstoles».

San Optato (Obispo africano en Numidia), dice también: «más vale el pecador humilde que el inocente orgulloso».

La humildad ha venido del Cielo, y a él conduce.

 ¿QUÉ HEMOS DE HACER PARA SER HUMILDES?

«Hemos de ser aún más humildes de corazón y de espíritu que de palabra; es preciso que nuestra conciencia nos halle humildes, y que estemos convencidos de que nada somos, nada sabemos y nada comprendemos», nos aconseja San Anselmo Doctor de la Iglesia.

 «Sed amantes de vivir ignorados y de ser tenidos por nada», dice La Imitación de Cristo (Lib. I, c. II.)

 Hemos de tener los humildes sentimientos de Salomón y decir con él: «Soy el más insensato de todos los hombres, y la sabiduría no está conmigo» (Prov. 30, 2). El Espíritu Santo quiere enseñarnos con estas palabras que la verdadera sabiduría consiste principalmente en el conocimiento de nosotros mismos, de nuestra miseria y locura, y en tenernos en poco.

 Trabajar como San Agustín para conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, es el verdadero medio de comprender la humildad y practicarla.

APRENDAMOS A HACER ACTOS DE HUMILDAD POR EL ORDEN SIGUIENTE:

Acto 1.º Despreciarnos a nosotros mismos.

Acto 2.º No creernos buenos para nada.

Acto 3.º No querer ser estimados.

Acto 4.º Querer ser considerados como viles y despreciables.

Acto 5.º Sentir necesitar educación.

Acto 6.º Rebajarse siempre más que los otros.

Acto 7.º Estar resignados a todo.

Acto 8.º Someternos por Dios a todos los hombres.

Acto 9.º Abrazar lo más humillante.

OTRO ORDEN RELATIVO A LOS ACTOS DE HUMILDAD:

1.º No decir nada para ser alabados.

2.º No alegrarnos de las alabanzas.

3.º No hacer nada por respetos humanos.

4.º No disculparnos a nosotros mismos.

5.º Ahuyentar los pensamientos vanos.

6.º Considerar a todo el mundo como superior a nosotros.

7.º Recibir bien todas las humillaciones.

Temas legionarios


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El Secreto (Cuarta Ordenanaza Fija)
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Acción de Gracias por el Año de la Misericordia
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El Congreso Eucarístico y la Legión

El imperativo Ecuménico y la Legión de María
La Legión de María y el Islam
Un mayor compromiso con la unidad de los cristianos

Nada te turbe, poema de S. Teresa de Ávila, diciembre 2024

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Santa Teresa de Ávila
Retrato de S. Teresa
Autor anónimo S. XVI

Nada Te Turbe

                                                       Nada te turbe, nada te
                                     espante, todo se pasa,
                                     Dios no se muda;
                                     la paciencia
                                     todo lo alcanza;
                                     quien a Dios tiene
                                     nada le falta:
                                     Sólo Dios basta.

                                     Eleva tu pensamiento,
                                     al cielo sube,
                                     por nada te
                                     acongojes,
                                     nada te turbe.

                                     A Jesucristo sigue con
                                     pecho grande,
                                     y, venga lo que venga,
                                     nada te espante.

                                     ¿Ves la gloria del
                                      mundo?
                                      Es gloria vana;
                                      nada tiene de estable,
                                      todo se pasa.

                                      Aspira a lo celeste,
                                      que siempre dura;
                                      fiel y rico en
                                      promesas,
                                      Dios no se muda.

                                      Ámala cual merece
                                      bondad inmensa;
                                      pero no hay amor fino
                                      sin la paciencia.

                                      Confianza y fe viva
                                      mantenga el alma,
                                      que quien cree y
                                      espera
                                      todo lo alcanza.

                                      Del infierno acosado
                                      aunque se viere,
                                      burlará sus furores
                                      quien a Dios tiene.

                                      Vénganle
                                      desamparos,
                                      cruces, desgracias;
                                      siendo Dios tu tesoro
                                      nada te falta.

                                      Id, pues, bienes del mundo;
                                      id dichas vanas;
                                      aunque todo lo
                                      pierda,
                                      sólo Dios basta.



 

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En el fondo de tu corazón