viernes, 24 de julio de 2026

Alfie, Homilía 24 de julio Irlanda 2026

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Aporte: Hemano Leonardo Puppio
Paraguay

*C O L O M B I A*  Una homilía que nos interpela a todos: ¿qué haría hoy Alfie Lambe? En la Santa Misa anual celebrada en memoria del Siervo de Dios Alfonso (Alfie) Lambe, el P. Bernardo De Nardo nos dejó una profunda reflexión sobre la vocación a la santidad, la acción de la Providencia de Dios y el llamado de cada legionario a continuar la obra de extensión de la Legión de María.

Te invitamos a leer esta homilía con el corazón  pregúntate

¿qué me está pidiendo hoy el Señor a través del ejemplo de
Alfie Lambe?
P. Tony O'Shaughnessy
Excelencia Mons. Mariano Montemayor 
Nuncio Apostólico Iglesia de Santa Inés
Dublín - Irlanda

Te invitamos a leer esta homilía con el corazón preguntarte: ¿qué me está pidiendo hoy el Señor a través del ejemplo de Alfie Lambe? Iglesia de Santa Inés, Dublín, Irlanda Su Excelencia Mons. Mariano Montemayor, Nuncio Apostólico en Irlanda; P. Tony O'Shaughnessy, párroco; legionarios y amigos presentes aquí y quienes nos siguen por internet: Nos hemos reunido hoy para recordar y honrar la vida de un joven irlandés que decidió seguir a Cristo hasta el monte Tabor, como los apóstoles en el Evangelio de hoy, para contemplar la plenitud de su gloria, dejarse transformar por Él y salir luego a anunciarla a todos. Alfie Lambe decidió ser santo desde muy joven y creyó que el camino para alcanzar la santidad era la vocación a la vida religiosa. Sin embargo, Dios tenía otros planes y una enfermedad le impidió seguir ese camino. Pero, habiendo decidido tomar su cruz para seguir a Cristo, aceptó el sufrimiento que ello implicaba y, sin saber lo que le esperaba, puso toda su confianza en la Providencia de Dios. Casi inmediatamente, Dios le mostró cuál era su nueva vocación. Después de dejar a los Hermanos Cristianos, ingresó en la Legión de María en Tullamore. En su praesidium encontró no sólo consuelo, sino también nuevas posibilidades para salvar almas, que es el fin principal y único de todo bautizado comprometido con la santidad. Abrazó plenamente la vocación legionaria y se abandonó por completo en las manos de Nuestra Santísima Madre para que Ella lo guiara allí donde lo necesitara. Las intervenciones de la Divina Providencia llevaron a Alfie a trasladarse a Dublín. Allí se incorporó al Morning Star y dedicó su vida a la Legión. La cercanía con el Concilium y con Frank Duff le dio una visión de la universalidad de la Legión de María. En aquellos años, la Legión crecía rápidamente en Irlanda y se fundaban nuevos praesidia y consejos. A Alfie se le encomendó la tarea de colaborar en la formación de estas nuevas ramas, misión que cumplió recorriendo toda Irlanda. Sobresalió de tal manera en ese trabajo que Frank Duff reconoció en él las cualidades necesarias para ser Enviado, y por ello fue designado para extender la Legión en Sudamérica. Junto con Seamus Grace y formado por Joaquina Lucas, comenzó a recorrer toda Sudamérica con la misión de establecer praesidia en parroquias, diócesis e incluso países enteros. En muy poco tiempo aprendió español y portugués. No puedo imaginar la alegría que habrá experimentado al descubrir cómo la Providencia de Dios le mostraba que su verdadera vocación era ser apóstol de la Legión de María: un Enviado que recorrería todo un continente para difundir el Evangelio y formar a otros para hacer lo mismo. Los legionarios y el clero lo amaban. Su carisma y su amor a la Santísima Virgen hicieron que miles de nuevos miembros ingresaran en las filas de la Legión, y aún hoy continúan trabajando por la salvación de las almas. Una vez más, el Señor le pediría sufrimiento, y Alfie no le diría que no. En 1958, mientras se encontraba en Argentina extendiendo la Legión, organizando nuevos consejos superiores y formando a numerosos legionarios para el trabajo de extensión, le fue diagnosticada una enfermedad. Alfie partió al Cielo en Buenos Aires, Argentina, el 21 de enero de 1959, fiesta de Santa Inés. Providencialmente, hoy nos encontramos reunidos precisamente en la iglesia de Santa Inés, y todos tenemos el honor y la bendición de que esta Santa Misa sea presidida por el representante del Santo Padre en Irlanda, quien además es oriundo de Buenos Aires. La primera enseñanza, y la más importante, es que la santidad es para todos. No importa cuál sea la vocación específica de cada uno; todos somos llamados a ser santos desde el momento de nuestro bautismo. Alfie es un ejemplo perfecto de esta convicción. También es muy importante reconocer las intervenciones de la Providencia de Dios en nuestras vidas y confiar, como lo hizo Alfie, para comprender que muchas veces no vemos con claridad; pero, si nos dejamos conducir por Ella, incluso en los momentos de oscuridad o confusión, más adelante veremos sus frutos. De la vida y del ejemplo de Alfie aprendemos lo que dice el Manual de la Legión de María acerca del sufrimiento en el Cuerpo Místico de Cristo: «Todo cristiano debe comprender que no puede escoger unas cosas de Cristo y rechazar otras.» (Capítulo 9, punto 3). Si queremos, como los apóstoles en el Evangelio de hoy, subir al encuentro del Cristo de la alegría y de la gloria, ciertamente podremos hacerlo. Pero en el camino, tanto al subir como al bajar, también encontraremos al Cristo del dolor y del sacrificio. El legado de Alfie es su propia vida: el ejemplo que nos dejó, las cartas que escribió, los praesidia y consejos que fundó, las personas que formó. Nuestra tarea consiste en conocerlo leyendo sobre su vida, preguntando por él a quienes lo conocieron y, finalmente, imitando sus virtudes. Ante todo, las mismas virtudes que ya hemos mencionado y algunas más. Debemos estar convencidos de que el sistema legionario nos conducirá a la santidad, como condujo a Alfie. Esa convicción hará que comprendamos de manera natural la necesidad de extender la Legión. Para poder hacerlo debemos perseverar en nuestra pertenencia a la Legión; debemos conocerla y amarla cada vez más. Debemos ser conscientes de que la extensión de la Legión sólo ocurrirá si nosotros la hacemos posible, como hizo Alfie, primero aquí en Irlanda y luego en Sudamérica. Por eso, queridos legionarios, vayan a la parroquia vecina y procuren fundar nuevos praesidia; vayan a la diócesis vecina y establezcan la Legión allí donde todavía no existe. Y aún más: no pongan límites a la acción de la Providencia de Dios. Vayan también a otras naciones y comiencen allí la Legión, como hizo Alfie. Todos nosotros somos bendecidos por pertenecer a la Legión de María porque alguien la estableció antes para nosotros; ahora nos corresponde bendecir a las generaciones futuras haciendo hoy lo mismo por ellas. Finalmente, todos los legionarios debemos trabajar por la canonización de Alfie: distribuyendo su estampa de oración, pidiendo favores y milagros por su intercesión y comunicándolos al Concilium cuando sean concedidos. Si realmente queremos que Alfie sea canonizado, debemos trabajar para ello. Hoy nos hemos reunido para pedir a Dios su canonización; pues bien, también debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para alcanzarla. Como dice una cita del Manual de la Legión de María, de Santo Tomás Moro: «Las cosas que te pido, Señor, concédeme la gracia de trabajar para alcanzarlas.» Es una alegría poder estar hoy reunidos para reflexionar sobre la santa vida de este joven legionario, que constituye para todos nosotros una verdadera inspiración. Cada vez que nos reunimos como familia de Cristo para celebrar la Santa Misa, nos sentimos un poco como si estuviéramos en el monte Tabor contemplando a Jesús en su divinidad, y desearíamos permanecer allí para siempre. También Pedro quiso quedarse para siempre con Jesús en el monte Tabor. Pero Jesús nos envía, como envió entonces a sus apóstoles, a anunciar su Palabra y su Amor a toda la creación. 

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