
Deseo hablar brevemente ahora del modelo más fundamental de todos los que utiliza Frank Duff, para explicar la naturaleza del apostolado: la unión del Espíritu Santo y María, que da al mundo a Jesús, el Verbo eterno hecho carne. Ya hemos dicho que no hay nada en María, que no sea una referencia a Cristo.
Ella, es totalmente cristocéntrica y, si nuestra devoción hacia ella, se detuviera en ella misma, no sería una verdadera devoción. Vamos hacia Jesús, a través de María y con ella. Existe un movimiento análogo en María, hacia el Espíritu Santo. Ella, está totalmente abierta al Espíritu Santo, completamente bajo su influencia. Él, es el agente principal en su maternidad respecto a Jesús y a su Cuerpo Místico. Él, es el agente principal en toda evangelización. Y la posición del Espíritu Santo, en relación con María, constituye el paradigma fundamental para la Legión de María.
El legionario hace su promesa al Espíritu Santo. Todo en la Legión, está sujeto a su influencia y a que Él, los cubra con su sombra. Precisamente porque el espíritu de la Legión es el espíritu de María, el Espíritu Santo, goza de absoluta primacía en la vida del legionario. Y es la unión de María y el Espíritu Santo lo que hace que la persona apostólica esté mejor capacitada para llevar a Jesús, a la vida de los demás.
Rvdo. P. Bede McGregor, O.P., antiguo Director Espiritual del Concilium
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