martes, 1 de mayo de 2018

Frank Duff, Un hombre para la historia

UN NOMBRE PARA LA HISTORIA

Hace apenas tres años, un legionario español es­cribía así en María Legionis sobre Frank Duff: "Al sa­ludarle por primera vez te das cuenta de que se trata da un hombre que goza de una serena paz espiritual, de una paciencia sin límites, de un humor sano; hermano de todos, atento con todos.
A sus 88 años, conserva íntegras sus facultades mentales, posee una memoria prodigiosa y es un pozo de conocimientos y experiencias.
Hombre de vida austera, casi monacal, vive solo, y Únicamente acepta el servicio de una veterana hermana legionaria para que cuide de su atuendo. Se levanta muy temprano y todo el día lo ocupa en el estudio, la ora­ción, escribir, trabajar y recibir visitas y consultas le­gionarias Su enorme pluma, ¿cuántas páginas habrá es­crito?, ¿cuántos autógrafos habrá firmado? Es una ben­dición que todos les legionarios nos podamos mirar en él".
Hoy volvemos sobre la figura de nuestro fundador por motivos bien distintos. Frank Duff nos ha dejado para velar por su Legión, la de María, desde la gloria.
No sé si todos los legionarios se habrán dado cuen­ta de que estamos ante una fecha histórica. Cuando leemos la historia de los fundadores de las grandes órdenes religiosas, vemos que se trata de figuras que brillaron con luz propia en el cielo de la Iglesia. Sólo en este contexto podemos entender a Frank Duff, y su obra, la Legión de María, hoy extendida por todo el mundo.
Ha sido el propio Papa Pablo VI quien ha dicho "Desde la era de las grandes órdenes religiosas, la Le­gión de María es el más grande movimiento que se ha establecido para el bien". (La Voz de la Jerarquía, pág. 21): pero él fue el inspirador, el iniciador, el impulsor, y el más humilde de todos los legionarios.

Desde aquel 7 de septiembre de 1921 hasta este de noviembre de 1980, millones de personas han militado en la Legión de María, y muchísimas se han santificado en ella. Edel, una flor blanca en el corazón del África negra. Alfonso Lambe, un apóstol sin estola en las in­mensas latitudes de América del Sur, por sólo citar dos ejemplos. Frank Duff es más universal, y esperemos que, desde ahora, sea mucho más conocido por todos sus legionarios.
¿Quién era María para Frank Duff? Esta pregunta estará en la mente de todos, y es irresistible plantearla aquí. El mismo Frank Duff la ha respondido en cierta ocasión (ver LEGIO N? 48): "Únicamente lo que debe ser en la vida de todo católico. Podría hablar largo tiempo de Ella, pero encontraréis en el Manual lo que pienso de María".
Son muchos los escritos de Frank Duff, libros, ar­tículos, conferencias, pero el Manual es su obra. El Ma­nual es hoy uno de los libros más difundidos en el mundo, y refleja a la perfección al propio autor. Es el espejo de su vida y de su espíritu. Concluyamos citando sólo un párrafo, en el que sin pretenderlo, él mismo se nos presenta en los siguientes términos:
"La campaña ha tocado a su fin: he aquí un legio­nario muerto noblemente con las armas en la mano. Por fin llegó la hora de ser confirmado en el servicio: por toda la eternidad será legionario, porque la Legión es quien le ha forjado su eterno destino, ha sido la médula y el molde de su vida espiritual. Es más: en su larga y pe­nosa travesía por este mundo halló siempre amparo y sostén en el poder de esa súplica unánime, que diaria­mente brotaba de los labios fervorosos de los legionarios, activos y auxiliares, pidiendo que tras la lucha de esta vida se vuelva a juntar la Legión, sin faltar uno solo, en el Reino de la Paz". ¡Qué consuelo para todos los le­gionarios, para él y para nosotros! (Man. cap. XXVI).

BIOGRAFIA
Frank Duff. cumplió 91 años en junio de 1980. Cuando nació, había muerto Don Bosco sólo un año antes, vivía aún el Cardenal Newman.
Después de sus estudios en Blackrock College, en Irlanda, Frank Duff entró al servicio de la Administra­ción pública donde rápidamente despuntó, augurándosele un futuro brillante. En medio de la gran pobreza que entonces asolaba Irlanda, antes y después de la Primera Guerra Mundial, el joven Duff dedicaba su tiempo libre a ayudar a los pobres de Dublín, como socio de las Con­ferencias de San Vicente de Paúl.
Con el paso del tiempo se convenció de que lo que se necesitaba aún más era una organización que atendiera las necesidades espirituales de los menos afortunados.
Y así fue que en septiembre de 1921 un nuevo mo­vimiento comenzó a existir: la Asociación de Nuestra Señora de La Merced, que en breve cambiaría su nom­bre por el de la Legión de María.
Al principio su trabajo se limitaba a visitar a los enfermos en el asilo de beneficencia de la calle James. La inesperada afluencia de socios que se produjo en poco tiempo, obligó al grupo a pensar en nuevos tra­bajos.
Se emprendió una campaña para apartar de la vida de pecado a las prostitutas que en número creciente tra­bajaban las calles de Dublin. De hecho, la rehabilitación de estas mujeres se convirtió en el trabajo principal, por lo que el lograr una casa donde se las pudiera recoger, revistió carácter de urgencia.
Frank Duff se dirigió al Presidente del nuevo Es­tado Irlandés, Mr. William Cosgrave. Este puso a su disposición una buena casa de estilo georgiano, en la calle Harcourt, marcando así un hito de gran significa­ción en la historia de la naciente Legión de María.
De ahí en adelante, el Sr. Cosgrave fue un amigo de toda la vida de la Legión y su fundador. Una estre­cha amistad unió también al hermano Duff con el su­cesor del Sr. Cosgrave, el renombrado Eamon de Valera, quien asimismo fue generoso en su apoyo al movimiento.

A tiempo que el hermano Duff escribía una página importante en la historia de la Iglesia de Irlanda, tam­bién desempeñaba un papel no insignificante en el de­sarrollo del Estado Irlandés. Durante estos primeros años de la Legión de María, el hermano Duff se dedicaba diligentemente a sus deberes de funcionario y antes de cumplir los 35 años ya se movía en los niveles superio­res. Por las tardes trabajaba con la misma tenacidad y propósito para robustecer a su nuevo grupo en el apos­tolado seglar.
También encontró tiempo para el refuerzo de su propia vida espiritual por la oración, meditación y lec­tura. Sus libros favoritos eran "El Tratado de la Verdadera Devoción a María" y "El Secreto de María", ambos escritos por San Luis María de Montfort. En realidad, fueron estos escritos del santo francés del siglo XVIII los que verdaderamente le inspiraron la fundación de la Legión de María.
Durante los primeros años el trabajo legionario se limitaba a Dublín y se realizaba exclusivamente por mu­jeres. En 1928 se dio un paso importante, admitiendo al primer grupo de hombres como socios del praesidium "Morning Star" (Estrella de la mañana). El trabajo de estos hombres era el atender a las necesidades espiritua­les de hombres desvalidos en un albergue que les pro­veía de cena, cama y desayuno. Tres años más tarde, el albergue "Regina Coeli" se levantó en el solar adyacente al del albergue "Morning Star" y adosado a la Perma­nencia de la Legión en la Avenida de Morning Star. Su objeto era el de asistir a mujeres desvalidas y madres solteras con sus niños. Ambos albergues han ayudado a muchos infortunados durante los pasados 50 años y aún siguen prestando un servicio excelente.
En 1933, Frank Duff, contando entonces con 44 años de edad y llamado a escalar los puestos más altos de la Administración Pública, tomó una decisión tras­cendental. Dimitió con objeto de dedicarse por entero a Legión de María, que se iba extendiendo con rapidez.
Aquel mismo año la Legión se fundaba en las Antillas Occidentales y en África Occidental. Ya se había establecido en Escocia, el primer enclave después de Irlanda, en 1928, en Inglaterra en 1929, en la India en 1931, en los Estados Unidos también en 1931, en el Canadá en 1932, y en Australia en 1933.
Los años siguientes vieron la enorme expansión dé la Legión allende los mares, en los cinco continentes, con la inestimable ayuda de los enviados y extensionistas, entre ellos Edel Quinn y Alfonso Lambe. Al mismo tiempo se desarrollaba la extensa gama de trabajos legio­narios como respuesta a las necesidades de los tiempos.

¿Se podría afirmar que este enorme impulso no habría existido a no ser por la gran fe en María y dina­mismo personal de Frank Duff? El sería el primero en negarlo; para él su persona era la de menos. Pero no cabe duda de que poseía un magnetismo brotado en su fe, capaz de comunicar a sus colaboradores su propia convicción y entusiasmo. Los trabajos más significativos de la Legión, entre ellos las visitas casa por casa, los Patricios, la Verdadera Promoción de la Comunidad, el rescate callejero, y uno verdaderamente genial, la Pere­grinado por Christo, pueden todos haber sido o no pro­ductos de la inspiración directa de Frank Duff, lo que sí se puede decir es que él fue su expositor más incisi­vo y elocuente, su promotor más persuasivo e incansable. Escuchando a Frank Duff o leyendo sus escritos, se sen­tía uno impulsado a hacer cosas grandes por Dios y por la salvación de las almas, y se explicaba la aparente fa­cilidad con que los legionarios irlandeses emprendían tra­bajos de verdadero heroísmo sin apenas concederle im­portancia.
Pero además del propio mérito de los trabajos he­roicos. Frank Duff quiso dotarlos de una proyección es­pecial fundada en su clara visión del futuro. Había de­dicado mucho tiempo y estudio a la conversión de Rusia y de los países del bloque soviético, v fruto de ello fue la novedad sensacional hace once años, de la primera visita a Rusia de un grupo de legionarios, hecho que se ha venido repitiendo todos los años*. También fundaba grandes esperanzas en los legionarios de Austria para una labor más sostenida de apostolado entre los países de la Europa Oriental. Otro deseo largamente acariciado por Frank Duff era la reapertura de la China continen­tal a la Legión y la difusión de la Legión por tierras del Extremo Oriente, para lo cual contaba con el concurso de la Legión de Filipinas. Con ese fin se desplazó el P. Aedan McGrath a dicho país, donde le sorprendió la noticia de la muerte del hermano Duff.
Como todos los grandes hombres, Frank Duff era humilde y huía de la publicidad. No tuvo ningún interés en escribir su autobiografía, aunque indicó que su futuro biógrafo, quienquiera que fuese, encontraría material re­levante en los archivos. Hasta el final de su vida asistía a Misa y comulgaba diariamente, y rezaba el Oficio Di­vino por entero. Acudía puntualmente a las reuniones del Concilium. Manejaba una inmensa correspondencia, es­cribía incansablemente, sobre todo acerca de temas marianos, y también dedicaba muchas horas a recibir a le­gionarios y otros seglares y eclesiásticos de Irlanda y de fuera que buscaban su ayuda y consejo.
Había sido durante mucho tiempo amigo y conseje­ro de sacerdotes, prelados y cardenales, y fue llamado a Roma para servir de "experto" en el tema del apostolado seglar durante el Concilio Vaticano II.
Los Papas le distinguieron con especial aprecio, y el encuentro de carácter extraordinario con Juan Pablo II en los aposentos privados del Papa, en mayo de 1979, no hizo sino estrechar más fuertemente los lazos entre estos dos hombres ya unidos por su especial devoción a María.

ULTIMOS MOMENTOS DEL HNO. FRANK DUFF

El Hno. Duff nos ha dejado y ha subido al Padre silenciosamente, como de puntillas, sin ruidos. Así fue también toda su vida.
Falleció el día 7 de noviembre de 1980 en Dublín, poco antes de las 4 de la tarde (las 5, hora española), en su casa. Contaba 91 años de edad.
Ese día acudió como de costumbre a Misa de 9 en los PP. Capuchinos, y poco más tarde, a las 11, asistió al funeral celebrado por el eterno descanso de la Una. Joan Cronin que fue una Enviada muy activa. El Hno. Duff comulgó en ambas celebraciones.
De regreso a su domicilio, manifestó sentirse algo indispuesto. Sus acompañantes detuvieron un poco el coche hasta que les dijo que podían continuar pues pa­recía que se le había pasado.
Llegados al albergue "Regina Coeli", donde habitualmente tomaba su frugal almuerzo, rehusó en esta ocasión alegando que no tenía ganas de tomar ningún alimento, y, que, siguiendo su costumbre, a esa hora, descansaría un rato en su casa cercana al mencionado albergue.
Poco antes de las 4, la hermana legionaria que cui­daba de su alimentación pasó al hogar del hermano Duff (que vivía solo), para preguntarle qué deseaba que le preparase. Y fue entonces cuando descubrió su falleci­miento. Encontró al hermano Duff en la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos abiertos. Su cuerpo estaba todavía caliente.
Providencialmente se encontraba en el Albergue masculino "Morning Star" un sacerdote Salesiano (gran promotor de las PPC), ordenado no hace mucho, que acudió inmediatamente dada la proximidad del lugar y le dio la absolución. Seguidamente le fueron administra­dos los Santos Oleos de la parroquia más cercana. Fue providencial, efectivamente, la presencia del sacerdote á esa hora en el Albergue "Morning Star". Un poco antes había ido él a la iglesia de los Padres Francisca­nos, situada en una zona bastante alejada. A su llegada, un mendigo le pidió dinero. Le contestó que no tenía y entró en la iglesia. Una vez dentro reflexionó: "Si no puedo darle dinero, quizá pueda, al menos, ayudarle de alguna manera". Y salió en su busca. Como aún se­guía allí se acercó a él preguntándole qué necesitaba. El mendigo le pidió 5 libras. El sacerdote insistió en que no las tenía, pero que posiblemente podría ayudarle de otra forma. El mendigo le pidió entonces que al menos le ayudara para poder pasar la noche en "Morning Star", a lo que se ofreció muy gustoso el Padre, llevándole a dicho albergue y dejándole acogido en él. Esta fue la razón por la que se encontraba el sacerdote a esa hora en 'Morning Star", y pudo prestar rápidamente asistencia espiritual al Hno. Duff.
El féretro con el cuerpo del Hno. Duff ha perma­necido en el Oratorio de "Regina Coelli" hasta el miér­coles día 12, en que fue trasladado a la Iglesia de San Andrés. Los días 8, 9 y 10 (sábado, domingo y lunes) duró 24 horas el desfile de personas (siempre nume­roso e inacabable) que rendían su último tributo de gratitud y cariño a Frank Duff.
El martes, día 11 se dispuso cortarlo a las 12 de la noche para reanudarlo a las 8 de la mañana. Y el miércoles 12, hubo de cortarse definitivamente el des­file a las tres de la tarde, para trasladar el cadáver a la iglesia de San Andrés, donde esa misma tarde se celebraría una Misa oficiada por el Obispo Auxiliar de Dublín, y concelebrada por unos quince sacerdotes. El féretro con el cuerpo del Hno. Duff quedó en la iglesia, en espera del solemne funeral que se celebraría el jueves día 13, es decir al día siguiente, hay que des­tacar que el tiempo durante todos estos días fue frío y lluvioso, lo que no impidió la masiva asistencia día y noche, en desfile ininterrumpido, de tantos millares de personas que querían decir adiós en la fe al admirado y muy querido Frank Duff.
Durante los días que permaneció su cuerpo en el Oratorio de "Regina Coelli", se celebró la Santa Misa cada hora (día y noche), y se rezaron Rosarios en los intervalos libres de una a otra hora.
También sería interminable la enumeración de tantos países a que pertenecían las personas llegadas prácticamente de todo el mundo: Francia, Italia, Inglaterra, España, Bélgica, Canadá, Holanda, Estados Unidos, Bangkok, Ceilán, Tailandia, y en larguísimo etcétera de personas de ambos sexos, de todas las edades, juveniles, jóvenes y menos jóvenes, personas maduras y personas ancianas, viviendo todos la misma emoción, de pena, sí, pero no de pena amarga irreversible, sino de gozosa esperanza en la Resurrección gloriosa, ya que se palpaba en el ambiente la convicción de la santidad del Hno. Frank Duff.
Han llegado, puede decirse que en tromba, cartas y telegramas de todo el mundo. En otra hoja de este boletín incluimos el texto del que ha cursado el Santo Padre. El Nuncio de Su Santidad en la República de Irlanda, que se encontraba en Venezuela, envió también un sentido telegrama lamentando sinceramente no en­contrarse en Dublín en esos momentos. Su Secretario concelebró la Misa funeral del jueves día 13.
Entre las cartas recibidas mencionaremos solamen­te la de una señora de 81 años, que quería manifestar públicamente su gratitud y cariño hacia el Sr. Duff por la Obra que fundó que fue su salvación, ya que de joven ella se dedicaba a la prostitución hasta que los legionarios entraron en contacto con ella enderezando totalmente su vida.
ACTOS RELIGIOSOS
Trasladado a media tarde del miércoles día 12, el cadáver del Hno. Duff a la Iglesia de San Andrés, y previa obtención de permiso especial para celebrar la Santa Misa de cuerpo presente en esa hora vespertina (es costumbre solamente rezar el Santo Rosario u otras oraciones, pero no la Eucaristía cuando se lleva a los difuntos a la Iglesia), tuvo lugar una Misa oficiada por el Obispo Auxiliar de Dublín y concelebrada por unos quince sacerdotes.
Monseñor Kavanagh, Obispo Auxiliar, se refirió principalmente a la extraordinaria humildad de Frank Duff, y "porque sé que a él no le agradaría que habla­ra mucho de su persona, voy a ser brevísimo. No se puede comprender todo el bien espiritual que hizo en el mundo con la fundación de la Legión de María. Me referiré únicamente a los millones de Rosarios que se han rezado en el mundo tanto por los legionarios como
por las personas por ellos contactadas en su misión evangelizadora. Esto sólo ha sido posible a través de la Legión de María".
Cedió después la palabra al Rvdo. J. Ripley, miem­bro laureado de la Legión de María y Director Espiri­tual del Senatus de Liverpool, y uno de los grandes amigos de Frank Duff desde hace 40 años.
Durante mi primera visita a Dublín como sacerdo­te, fue con un grupo de legionarios a las oficinas cen­trales del Concilium y pregunté a un hombre sencillo que encontré allí, dónde estaba Frank Duff y el hom­brecillo me contestó con una sonrisa: "Soy yo". Mi amistad con Frank Duff ha sido probablemente la ma­yor gracia de mi vida sacerdotal, porque supe por él lo que tiene que ser un sacerdote apostólico, y sobre todo, la importancia de la evangelización de los que no son católicos.
Refiriéndose a la devoción a la Santísima Virgen que presentaba Frank Duff, dijo que no conocía a nin­gún sacerdote que la presentara con mayor perfección, ya que no ofrecía una imagen blanda, estática de la Virgen, sino que presentaba a María activa, dinámica, fuerte.
Un eminente Jesuita, en cierta ocasión, en una dis­cusión en la que al menos había unos treinta sacerdotes, dijo: "Creo que el Manual de la Legión de María es comparable por su trabajo en el siglo XX con los ejer­cicios Espirituales de San Ignacio en tiempos de la Con­trareforma.
Frank Duff era un brillante pensador. Estaba yo hablando una vez con el Ministro de Finanzas del Go­bierno Irlandés, y me dijo: "Si Frank Duff no se hu­biera retirado cuando lo hizo, hoy estaría probablemente ocupando mi puesto".
Y en esta línea continuó el P. Ripley su sentida ho­milía. Por espacio de sesenta años el Hno. Duff rezó a diario el Oficio Divino completo. Incluso —continuó el P. Ripley— en una de sus enfermedades me dijo que se las arreglaba para rezarlo aprovechando un intervalo de mayor consciencia. Estaba convencido de que la san­tidad no consistía en "rezar oraciones" sino en la ora­ción-reflexión en cada momento y en vivir en unión con María con el fin de vivir en unión con Jesús.
Manifestó asimismo el P. Ripley que el Hno. Duff estaba al tanto de toda la teología moderna y poseía el carisma especial de saber separar lo que era de valor de lo que no lo era tanto.
SOLEMNE MISA FUNERAL
Se celebró en la Iglesia de San Andrés, ya que la catedral por hallarse en obras estaba cerrada al culto. Comenzó a las 10 y terminó hacia las 11,30 horas.
Miembros de la Legión de María llegados de las más diversas partes del mundo, se unieron a las autori­dades eclesiásticas y civiles en uno de los más grandes funerales contemplados en la ciudad a través de los años. Se calcula en unas cuatro mil personas el número de asistentes a la Misa funeral.
El concelebrante principal fue su Eminencia el Car­denal Tomás O'Fiaich, Arzobispo de Armagh y Primado de Irlanda. Concelebraron con él tres Arzobispos, diez Obispos y treinta y cinco sacerdotes. En lugares próximos al altar podía verse un centenar largo de sacerdotes.
Varios concelebrantes distribuyeron la Sagrada Co­munión a un amplio y apiñado grupo de personas que tuvieron que permanecer en la calle frente a la puerta principal de la Iglesia.
La música sacra corrió a cargo de los estudiantes del Colegio de la Santa Cruz de Clonliffe (Dublín).
Entre las personalidades asistentes se encontraban: el Presidente de la República de Irlanda, los Ministros de Estado y Hacienda, el Embajador de Estados Unidos, el Lord Mayor de Dublín, el Jefe de Estado Mayor y numerosos personajes de la Administración nacional y local, además de otras representaciones extranjeras cuya enumeración ocuparía mucho espacio.

HOMILIA DE SU EMINENCIA EL CARDENAL PRIMADO
El Cardenal O'Fiaich dijo en su homilía que, si bien Frank Duff había sido consejero de Papas y Pre­lados, jamás perdió la sencillez y naturalidad de un dublinés. A la vez que se mantenía en contacto constante con la Legión de María de todo el mundo, sacaba tiempo para escuchar a unos y a otros, y sus amigos más que­ridos se hallaban siempre entre los pobres de Dublín.
Aunque honrada con una condecoración Papal y un Doctorado de la Universidad Nacional de Irlanda (en­tre otros), su indumentaria preferida era un traje muy usado, y el medio de transporte favorito, su vieja bici­cleta.
En el transcurso de su vida, la Legión ha ganado a millones de personas para Cristo a través del contacto personal.
El Cardenal dijo que a él no le había sorprendido que el Santo Padre hubiera invitado a Frank Duff al Concilio Vaticano II. En efecto, en muchos aspectos —continuó— la Legión de María había sido promotora de los ideales de aquel Concilio durante las décadas an­teriores. Podría decirse que, en el sentido espiritual, Frank Duff era un radical, un revolucionario, porque proponía a los seglares católicos un apostolado que no se llevaba entonces en la Iglesia. El Hno. Duff supo en­señar a los católicos normales, corrientes, a hacer gran­des cosas por Dios.
Por sus cualidades de organizador y también por su comprensión de la debilidad humana, hizo posible la Extensión de la Legión de María por medio de En­viados a través del mundo entero.

Empezó el trabajo ecuménico y se dedicó a la conversión de protestantes, judíos, y de todos los que no eran católicos. Propuso también a sus legionarios el contacto personal. Este fue su secreto de conversión: el contacto personal espiritual con todas las almas.

Planteó a los católicos "instalados", cómodos, la urgencia de salir a predicar el Evangelio, y propuso al clero la absoluta necesidad de dirigir el apostolado de evangelización de los seglares.

Le ofrecieron ser reconocido por la Iglesia Católica Romana como "el irlandés del siglo", pero no lo aceptó. Sin embargo, dijo el Sr. Cardenal, yo opino que dentro de muy poco van a nombrarle "Caba­llero del siglo".
En la Legión de María todos se sienten hermanos, pero, hoy más que nunca cuando se reúnen en torno a los restos de su hermano en Cristo.
A través de este cuerpo frágil, tan delicado del Sr. Duff, se veía sin duda el espíritu de Dios y de oración, especialmente por medio de la Virgen María. El acon­sejaba siempre a los legionarios que, antes de realizar un trabajo importante, se encomendaran muchos a María.
Este hombre sencillo de Dublín ha sido la persona que hizo la mayor contribución de este siglo a la Iglesia Católica. Tenía una confianza ciega en Dios y se dedicó por entero a la Santísima Virgen, consumiéndole el celo ardiente de ayudar a todos sus hermanos en el camino hacia el cielo. Frank Duff creía que los católicos de hoy eran capaces de hacer cosas grandes por Cristo si la Iglesia fuera capaz de enseñarles a hacerlas.
El Sr. Duff pudo comprobar durante su vida la Extensión casi milagrosa de la asociación por todo el mundo. Pocos fundadores han visto los frutos con tanta rapidez. Frank Duff no esperaba a que los milagros se obraran por sí solos. El salía a su encuentro haciendo que se produjeran.
El Sr. Cardenal habló también de cómo Frank Duff había organizado muchas formas de cooperar de to­dos los católicos en el apostolado. Nombró por ejem­plo, la asociación de Patricios, que venía a ser la pre­paración para enseñar a los católicos a poner en prác­tica sus conocimientos de religión. Habló asimismo de los miembros Pretorianos y dijo que el Sr. Duff intro­dujo en la Legión el grado Pretoriano para unir el apos­tolado con la Eucaristía.
Consideraba que los organizadores del Concilio Vaticano II vieron la necesidad de invitar al Hno. Duff para aprender de su gran experiencia apostólica, sobre todo con los seglares.
Frank Duff no consideraba a ningún pecador tan malo que no pudiera convertirse, ni a ningún católico tan santo que no pudiera aspirar a serlo más.
La obra que él formó, además de sus actividades religiosas trabajaba en problemas sociales, ancianos, po­bres, marginados, rehabilitación de prostitutas, etc., y para estos trabajos tuvo un gran sentido de obediencia y lealtad a la Iglesia.

LA DESPEDIDA
Terminado el solemne funeral, el cortejo se dirigió hacia el cementerio de Glasnevin. No hubo coronas, sino algún sencillo ramillete de flores. En recuerdo de su afición a la bicicleta, un Padre Pasionista que le acompañaba habitualmente en sus paseos, había confec­cionado con flores una pequeña bicicleta. Varios miles de personas, en hileras por las calles, recitaban el Ro­sario.
Una vez en el cementerio, fueron rezadas las ora­ciones fúnebres por el Arzobispo de Dublín, Dr. Ryan. A continuación, y en medio de un respetuoso silencio, se rezaron todas las oraciones legionarias, y tras desfi­lar prácticamente todos para mirar por última vez el féretro, depositado ya en el panteón familiar donde re­posan sus padres y hermanos, se fue desalojando poco a poco aquel lugar.

EL ECO DE LA NOTICIA EN ESPAÑA

El Concilium comunicó rápidamente a todo el mun­do legionario la noticia del fallecimiento de Frank Duff, indicado el día en que tendrían lugar los funerales, y pidiendo que todos los consejos celebrasen también la Eucaristía en esa misma fecha para unirnos en idéntica plegaria.
Los Senatus de España, por medio de sus corres­ponsales, hicieron llegar esta comunicación a todas sus curias afiliadas, por lo que han sido numerosos los fu­nerales que en nuestro país se han ofrecido por Frank Duff.
En todos ellos hemos dado las gracias a Dios por el ejemplo y la ayuda que ha sido para nosotros en nuestra vida de cristianos y de legionarios, y le hemos pedido que nos siga ayudando desde el cielo, donde ya hay un grupo numeroso de legionarios en torno de la imagen real de la Virgen.
Para asistir a los funerales en Dublín se traslada­ron la hermana María Guerricagoitia del Senatus de Bilbao, D. Fernando López-Echezarreta, Director Espi­ritual del Senatus de Madrid, y la Tesorera del mismo, hermana Maribel Guzmán. D. Fernando López-Echeza­rreta tuvo la satisfacción de concelebrar la Misa-Funeral.
Experimentaron en todo momento la impresión de estar asistiendo a un acontecimiento histórico, y de que las numerosísimas personas que acudieron a los actos tenían el semblante grave, pero no triste ni falto de esperanza, con la impresión de haber conocido a alguien que ha vivido santamente.
Como es habitual, fueron maravillosamente acogi­dos a pesar de que la organización de los actos mante­nía ocupados constantemente a oficiales y corresponsales.
Los representantes del Senatus de Madrid pudie­ron permanecer durante seis días en Dublín, aprove­chando para participar en distintas reuniones, una de ellas con los corresponsales de habla española, e incluso trabajando con los legionarios irlandeses en rescate ca­llejero.
Participaron asimismo en la reunión mensual del Concilium, que no revistió carácter extraordinario como podía esperarse al estar tan reciente el fallecimiento de nuestro fundador. Todos eran conscientes de que Frank Duff no hubiera deseado ningún protagonismo. Sólo tres personas hablaron brevemente de él: El Padre Her­mán, a quien le unía una gran amistad desde hace mucho tiempo, así como su afición por la bicicleta, contagió a todos su desbordante alegría cristiana por la gloria eterna que ahora posee. El hermano Enda Dunleavy, presidente del Concilium, se refirió a la época en que conoció a Frank Duff y lo que él ha supuesto a lo largo de toda su vida, y finalmente un enviado de Ceilán, del que destacamos las siguientes manifestaciones: "Han hablado de él importantes personalidades religiosas, pero yo hablo en nombre de la gente sencilla a quienes nos dijo que -también nosotros somos importantes, que podemos aspirar a la perfección, y que podemos ser apóstoles".
De la presencia de nuestros hermanos españoles en Dublín nos queda, además de su testimonio verbal, un magnífico reportaje gráfico de diapositivas de todos los actos y del ambiente legionario que han vivido durante esos días, el cual os invitamos a conocer.
En los últimos años, y especialmente durante los meses de julio y agosto, han sido numerosos los españoles que han visitado Dublín con el fin de conocer mejor la cuna de la Legión de María. Participan en lo que llaman "escuela de verano", trabajando con los legionarios irlandeses, asistiendo a juntas y conferencias, y naturalmente a la reunión del Concilium que amplía enormemente la perspectiva que tenemos, a veces mínima, de la Legión de María.
Este año acudieron a Dublín un grupo de dieciséis legionarios españoles, que tuvieron la suerte de asistir a unas reuniones de estudio y diálogo sobre diversos te­mas, una de las cuales estuvo a cargo del hermano Frank Duff, que habló con gran fe y calor sobre la Verdadera Devoción a María. Resaltó que la fundación de la Legión fue resultado directo del interés despertado por esta devoción en las personas que serían los primeros socios.
Queremos recordar también en este boletín dedicado a nuestro fundador, la carta que en enero de 1979 dirigió a los directores espirituales de la Legión de María reunidos en Madrid con motivo de una convivencia semanal, transcribiendo a continuación algunos párrafos de la misma:
"En primer término tengo que pagar una deuda de gratitud a cada sacerdote presente. Si la Legión de Ma­ría en España es lo que es hoy, es debido en gran parte al apoyo y atención de sus directores espirituales. Por estos todos los legionarios, en especial los oficiales del Concilium, quedan sumamente agradecidos a nuestros directores espirituales, y rezamos a nuestra Santa Madre para que los conserve por muchos años en su sacerdocio.
El Manual oficial de la Legión de María nos dice así: "aquel que crea un ideal superior, levanta a toda la humanidad". Y luego en el mismo capítulo: "un praesidíum viene a ser en manos del sacerdote o del religioso como una máquina potente, haciéndole presente en to­das partes en el ejercicio de su ministerio pastoral".
El director espiritual que quiere encaminar a sus legionarios a la perfección espiritual, lo puede hacer juntamente con los demás oficiales del praesidium, asig­nando a dichos legionarios los trabajos heroicos que re­claman sacrificio o mayor oración personal del socio. Con el tiempo todo legionario debería llegar a tomar parte en las tareas más urgentes y a veces peligrosas del apostolado legionario. Así se llega a dar a la Legión de María la imagen auténtica suya de idealismo y fe ciega en la Virgen Santísima. En términos prácticos los traba­jos de Peregrinatio y Exploratio son fieles portadores de dichas cualidades, y cada director espiritual ha de in­vitar a sus legionarios para que tomen parte en ellos. Esta es la obra actual de la Legión de María en España. Por medio de la Peregrinatio pro Christo, el trabajo de conversión se hará en el extranjero, sobre todo entre los musulmanes".
HOMILIA  DE  D.  JESUS  GARAY, DIRECTOR ESPIRITUAL  DEL  SENATUS  DE BILBAO, CON MOTIVO  DEL FUNERAL POR FRANK DUFF

Una persona troquelada en el molde de María.
Salvando las distancias normales, quiero ofreceros la estampa de María y calcada sobre Ella, la estampa de Frank Duff, el fundador de nuestro movimiento de la Legión de María. Creo que es un deber de honda gratitud a Jesús, a través de María, por el inestimable regalo que han hecho a la Iglesia y al mundo, al darnos la persona que fue el primer instrumento de la puesta en marcha, y de su fiel custodio hasta hace unos días en la tierra de esta organización apostólica de la Legión de María.
A Frank Duff no se le puede explicar sin María. Sin su total vinculación con María, sería como verle sin alma, sin su respiración y sin su alimento primordial.

María, la pobre de Yhave, escogida para obrar las más grandes maravillas.

Esto mismo sucedió con Frank Duff. Un seglar sen­cillo y célibe escogido por Dios para obrar las mara­villas de la Legión de María. Una vez más, Dios se complace para sus obras en lo pequeño, en lo sencillo, en lo ignorado, en lo culto, en lo que parece que no tiene importancia. Es que de esta manera se ve mejor, se destaca la obra de Dios el rostro de Dios. Y la persona no hace sombra a Dios. Dios se transparenta por ella. Así es Frank Duff.
María, la descubridora del valor de la vida ordinaria, porque Dios ensalza a los humildes.
Esto mismo sucedió con Frank Duff. Una persona que en la raíz de su vida y de su Legión de María supo colocar el riego fecundo de la humildad de la vida. Siempre se ha distinguido por su sencillez encantadora. A pesar de haber sido el primer presente en el Concilio Vaticano II y comer con el Papa en su mesa, de ser padre de inmensas columnas de la Legión de María por el mundo, nunca se le subió esto a la cabeza. Sus escritos abundantes, son expresión de su alma, son un reflejo de esta sublimación de lo sencillo de cada día hecho salvación, redención y el mejor de los apostolados. Ahí está para prueba su grandiosa valoración de los Auxiliares.
María, la mejor discípulo de Jesús en la escucha de su palabra y en su cumplimiento.
Esto mismo sucedió con Frank Duff. Quien repasa el Manual de la Legión de María, su obra magna, quien sigue la línea de sus abundantísimos artículos en la revista María Legionis, de una dimensión mundial, observa que la Sagrada Escritura, la palabra de Jesús y de Dios es constante. Intentó que el contenido total de la Legión de María fuera la traducción global del Evangelio, lo cual nos muestra que, como María, guardaba todas estas cosas de Jesús en su corazón e intentaba transmitirlas a sus legionarios.
María, asumida como medianera en
la muerte y resurrección de Jesús.
Este es el santo y seña de nuestro hermano mayor legionario Frank Duff. Fue el carisma con el que le dotó el Espíritu Santo. Se dio cuenta de los caminos de Dios para traer la salvación a todos los hombres: la Virgen María intermediaria. Y ahí echó los cimientos de su querida hija: la Legión de María. Dios necesitaba de María y María necesitaba de sus hijos legionarios. Por esto caminó y gastó su vida, su boca y su pluma.
María, Madre de la Iglesia
Frank Duff es uno de los grandes enamorados de la Iglesia. El marco en el que situó a la Legión de María es el Cuerpo Místico de Cristo, en el corazón mismo del pueblo de Dios, el Reino anunciado por Jesús y presente en la tierra. Dentro de los límites de la Iglesia y fuera de ella, nadie ha valorado como él todos los miembros de este Cuerpo de Cristo. Sobre todo es un promotor único del valor del seglar en la Iglesia; siempre lo consideró como mayor de edad dentro de las comunidades eclesiales, y además, sin distinción de sexos. Descubrió desde siempre el papel singular del laico en su corres­ponsabilidad en la Iglesia, con una gran veneración hacia la Jerarquía de la misma.
María, Asumpta a los cielos.
También a nuestro hermano Frank Duff le ha llegado su hora de reposar en los brazos amorosos de Dios. Me figuro su encuentro con la Virgen María! cara a cara, como consecuencia de sus encuentros con María en la tierra corazón con corazón. Se lo merecía. Se cumple lo dicho por Jesús: "Bienaventurados los pobres". Un hombre como Frank Duff, que situó las oficinas de la Legión de María junto a una capilla, en donde el Santísimo está constantemente expuesto, y rodeado de dos residencias para todo el desperdicio de Dublín, junto a la Legión de María extendida por todo el mundo, es esperado en la felicidad del cielo con los mejores trofeos que se pueden llevar de la tierra.
Pero María, con su Legión y con Frank Duff como un nuevo intercesor, siguen
Despedirnos en la fe en esta Eucaristía, supone para nosotros, legionarios, un momento decisivo en nuestra historia legionaria. Nos compromete a vivir mejor esta consigna que el Papa Pablo VI daba a Frank Duff:
"Quitad un hilo y deshacéis la trama; romped de teclas mil una sola, y en todas ellas brama su triste voz sutil"
Nos compromete a una total lealtad legionaria.
LA NOTICIA EN LA PRENSA
Catholic Hehald & STANDARD
Frank Duff ha rendido un servicio descollante al cristianismo en este siglo, al dar la Legión de María a Irlanda y al mundo entero.
¡Qué gran logro ha sido su vida! Brotando de la inspiración de un hombre, ha evolucionado dentro de la Iglesia una organización de renombre internacional, cristalizando en un cristianismo práctico de cada día, los muchos aspectos de ese indispensable amor a María que ha caracterizado al catolicismo a lo largo de los tur­bulentos siglos de la fe en Europa.

El Sr. Duff merece todo elogio por haber elaborado, desde la Irlanda de los años 20, una organización de auto santificación y servicio, no para órdenes religiosas, sino para católicos seglares normales que desean, muchas veces sin darse cuenta, desarrollar aquel amor y devoción a María del que fue testimonio la tenacidad con que nuestros antecesores se aferraban al Rosario como uno de los medios principales para salvar la fe durante siglos de persecución religiosa.

Catholic HERALD
De la idea de la mediación de María, Frank Duff extrajo toda una teoría del apostolado, y sobre ella cons­truyó un programa entero que llevó al seglar a su reali­zación dentro del Cuerpo Místico.
Esto fue 40 años antes del Concilio Vaticano II, cuando había todo un mundo de ideas rancias, prejuicios > miedos que superar.
Frank Duff tuvo la dicha de ver su obra bendecida por un Papa tras otro, oír el tributo que le dedicó, en el Concilio Vaticano el Arzobispo de Westminster, Cár­dena! Heenan, y alcanzar un puesto sin rival en la Iglesia.
El Manual que escribió para la Legión es la obra más traducida que jamás escribiera autor irlandés alguno.
Era un hombre con una rara habilidad para traducir intuiciones profundas y creadoras en forma de estructuras organizadas y permanentes.
Y A
A la edad de 90 años ha fallecido en Dublín, el día 7 de noviembre, el fundador de la Legión de María, Frank Duff, hombre de alta espiritualidad y de rara sencillez de vida. La Legión de María nació oficialmente el día 7 de septiembre de 1921, teniendo como fin el apostolado activo inspirado en la función extraordinaria de María en el plan de la salvación. Se calcula que la Legión de María, plenamente dependiente de la Jerar­quía local, está presente hoy en cerca de dos mil' diócesis con varios millones de miembros activos, a los cuales hay que añadir algunos más de miembros auxiliares.
The UNIVERSE
Un gran hombre ha muerto. La contribución de Frank Duff a la Iglesia universal ha sido enorme.
Fue un pionero del movimiento de apostolado se­glar, y la Legión de María que él fundó, ha sido un instrumento poderoso en la difusión del Evangelio y en el desarrollo de la Iglesia en muchas tierras.

Frank Duff debe ser reconocido como uno de los grandes católicos de esta centuria.
Su grandeza puede se calibrada por el hecho de que la Legión de María funciona en la mayoría de las diócesis de todo el mundo.
L'OSSERVATORE ROMANO
Con la muerte de Frank Duff, desaparece una de las más luminosas figuras del apostolado seglar. Funda­dor de la "Legión de María", hombre de elevada espi­ritualidad y de rara sencillez de vida, Duff era desde hacía sesenta años el animador de un movimiento en el que se reconocen millones de personas de todo el mundo.
Se ha apagado serenamente al volver del funeral de un miembro de la Legión en "Mary House", un edificio que representa simbólicamente la primera gran obra social del movimiento: el saneamiento moral de uno de los barrios de peor fama de la ciudad.
Era el 7 de noviembre de 1921 vigilia de la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, cuando en una reu­nión de un pequeño grupo de seglares nació oficialmente la Legión de María para un apostolado vivo inspirado en la certidumbre de la función extraordinaria de Ma­ría en el plan salvífico. El movimiento se desarrolló con admirable rapidez en Dublín y en toda Irlanda. Se re­corrían las casas, se visitaban los hospitales, orientándose hacia los ambientes más humildes y marginados. La idea se difundió pronto en Inglaterra y en otros países de habla inglesa, y poco a poco en todo el mundo, espe­cialmente durante y después de la guerra. Precisamente gracias a un grupo de soldados irlandeses e ingleses la Legión de María llegó también a Italia.
Hoy se ha extendido el movimiento por todo el mundo, bajo la dirección sabia y humilde de Frank Duff, enérgico y emprendedor hasta los últimos años de su vida. Se puede calcular que los legionarios, que se ponen directamente al servi­cio de las jerarquías locales, esto es, de los Obispos y los Párrocos, están presentes actualmente en miles de diócesis con un número incontable de miembros activos y auxiliares.

Esta presencia es un verdadero tesoro, por ejem­plo, para Africa y Asia, en donde su ayuda a los misio­neros con un apostolado cotidiano, constituye un pre­cioso testimonio, llevado hasta el límite del sacrificio. ¿Cómo no recordar a los millares de legionarios prisio­neros o asesinados en China, o víctimas de situaciones difíciles? ¿Y cómo no recordar ejemplos luminosos de fe vivida, como el de Edel Quinn, joven irlandesa legio­naria en Africa, muerta a los treinta y siete años, de quien está introducido el proceso de beatificación?
"La Legión de María representa el verdadero rostro de la Iglesia Católica", escribió Juan XXIII. Y Pablo VI, en una carta dirigida a través del Cardenal Secre­tario de Estado Hamleto Cicognani, resumía así el em­peño de este movimiento: "Si justamente la Legión de María se alimenta fructuosamente de la vigorosa vida interior de sus miembros, de su disciplina, de su entrega a la salvación de sus hermanos, de una fidelidad a toda prueba a la Iglesia, se distingue y caracteriza sobre todo por una confianza inquebrantable en la acción maternal de la Virgen bendita.
Viendo en Ella el modelo, la guía, el gozo y pro­tección de todos sus miembros, la Legión de María, con la elocuencia de los hechos, muestra hasta qué punto se inspira su apostolado; recibe la inspiración de Aquella que, habiendo dado a Cristo al mundo, está estrecha­mente asociada a El a la obra redentora".
No es fácil trazar el perfil biográfico de Frank Duff. Debería citarse sus escritos, y habría que recordar sus encuentros y entrevistas, sus conferencias, su presencia siempre discreta y puntual. Una de estas presencias sir­ve para valorar su iniciativa: la participación de este hombre entre los poquísimos seglares que asistieron a la última sesión del Concilio Ecuménico, ese Concilio que había de rubricar con la autoridad de sus documen­tos aquel patrimonio de piedad mañana y de fe vivida que es la base del movimiento.
La noticia de la muerte de Frank Duff ha suscitado gran emoción en Irlanda, donde era muy conocido por su constante presencia eclesial y por sus continuas inter­venciones escritas en diarios y revistas. "Ha sido una gran pérdida para nosotros, nos ha dicho el actual pre­sidente de la Legión de María, Mr. Dunleavy, pero tam­bién para todo el país. Hasta el último momento Duff ha trabajado con nosotros, siguiendo puntualmente la evolución del movimiento y dedicándole todas sus ener­gías. Su imprevista desaparición ha dejado un gran vacío. Pero aún ahora nos llega de él un fuerte estímulo para seguir trabajando: trabajar duramente, intensamente, por­que tenemos en cuenta las exigencias misioneras de la Iglesia  y a esta tarea dedicamos toda nuestra vida".
El Asistente diocesano de la Legión en Roma, P. Pablo Rime, al conocer la noticia de su muerte ha ex­presado así el sentimiento de los legionarios de la dió­cesis: "La noticia inesperada de la muerte de Frank Duff, fundador de la Legión de María, afecta dolorosa
mente a los legionarios de Roma, que han podido verle más de una vez, escucharlo, recibir sus consignas y cons­tatar en aquel hombre un espíritu de fe extraordinario y un celo apostólico excepcional, que le llevaba con humildad y sencillez a actuaciones audaces. Estamos seguros de que la Legión de María, estimulada por el ejemplo de su Fundador, sabrá continuar, en la diócesis de Roma, el trabajo apostólico de esta gran figura de nuestro tiempo".
Texto del telegrama dirigido por el Santo Padre
al Concilium Legionis de Dublín.
LA LEGION DE MARIA DE TODO EL MUNDO SE ENTRIS­TECE POR LA MUERTE DE SU FUNDADOR FRANK DUFF. YO ME UNO A TODOS LOS LEGIONARIOS ROGANDO POR EL ETERNO DESCANSO DE SU ALMA. LA ASOCIACION POR EL FUNDADA HA DESPERTADO EN LOS CATOLICOS SEGLARES LA NECESIDAD INDISPENSABLE DE LA EVANGELIZACION Y SANTIFICACION Y A TRAVES DE ESTA ASOCIACION LOS CA­TOLICOS HAN APRENDIDO A SER APOSTOLES EFECTIVOS Y CELOSOS. A TODOS LOS LEGIONARIOS LES DOY MI BEN­DICION APOSTÖLICA COMO CONSUELO EN SU MOMENTO DE DOLOR Y TAMBIÉN PARA ANIMARLES DE CARA A SUS FUTUROS TRABAJOS APOSTOLICOS.
JUAN PABLO 11
CHARLA DEL HERMANO FRANK DUFF
(Dictada el 1° de Noviembre, seis días antes de su muerte)
Hace algún tiempo el Excelentísimo Cardenal Bafili, encar­gado en aquel entonces de la Congregación Romana pa­ra Canonizaciones, recomendó con fuerza la Oración de la Legión que es una petición de FE. Insistió en que la FE es base esencial de la Religión, sin la cual nada po­demos hacer.
¿Qué significa FE? Propiamente hablando la FE debe ser completa, naturalmente, tratándose nada menos que de la FE CATOLICA. No es suficiente decir que uno cree en Dios, porque ello quedaría reducido a algo tan vago que apenas equivaldría a nada. Así pues, la FE debe entenderse como una creencia en la Iglesia Ca­tólica.
Pero aún dentro de la Iglesia Católica pueden ha­ber sospechosas propuestas.
¿Quiénes son estas figuras extraordinarias, muchas de las cuales enseñan Religión, que parecen intentar la desintegración de la FE CATOLICA? Están atacando todo cuanto nosotros hemos acogido siempre como sa­grado. Por ejemplo, personas prominentes están propo­niendo que las doctrinas sobre la Inmaculada Concep­ción y la Asunción debieran ser opcionales. Alegan que ese facilitar su esfuerzo sobre la FE sería seguido por el ingreso de muchos en la Iglesia, como si la idea de Conversión fuera conseguir gentes a cualquier precio. Por otra parte no parecen preocupados por el hecho de que su propuesta supondría un mentís a la infalibi­lidad Papal y arruinaría, por tanto, la Iglesia.
Pero quizá ellos rechazan también la Infalibilidad Papal y desean reemplazarla por la Infalibilidad de la Iglesia. Es posible que tales personas no puedan ver que esta grieta y este cambio sobre la Infalibilidad, demo­lerían la credibilidad en la Iglesia Católica.

Posiblemente podríamos equivocarnos si pensára­mos que la Inmaculada Concepción y la Asunción son las únicas doctrinas sobre Nuestra Señora motivo de objeción. Aparentemente, algunas personas no tienen otra idea sino la de que Ella, la Santísima Virgen, es un obstáculo para el ingreso de Protestantes en la Igle­sia. De ahí que el objetivo deba ser ¿desembarazarse de este obstáculo? Evidentemente, la pureza de la FE im­porta, pero poco; la consideración suprema es ganar se­guidores. Por eso se ha emprendido una campaña de rebajamiento de María. Es demasiada devoción —dicen ellos—. Ella sobresale en el camino de devoción a Jesús. Suplanta al Espíritu Santo en las mentes de las personas. La Iglesia Católica se ha reducido a la Mariolatría. Y así sucesivamente en su afrentosa letanía.
El efecto de tales expresiones procedentes de per­sonas con cierta autoridad y con apariencia de gran ilus­tración, es, evidentemente, diabólico. Hiere a la raíz de la Mariología y ha alejado de Nuestra Señora a mul­titudes.
Y ¿cuál ha sido el resultado? Aquellos millones que se suponía alejados por causa de la Virgen María ¿se precipitaron dentro de la Iglesia? ¡No! Lo más se­guro es que no ha entrado nadie con aquella etiqueta de "¡abajo María!". Justamente ha sucedido lo contra­rio. El supremo ganador de conversos hoy, es la LEGION DE MARIA. Y ¿no sugiere esto que María es parte del magnetismo que arrastra hacia adentro a todos aquellos conversos?
Indiscutiblemente, aquel rebajamiento de Nuestra Señora no atrae conversos. Y tenemos por otro lado el efecto de aquel desfiguramiento de la Iglesia en el he­cho de que hayan cesado en sus prácticas tantos millo­nes. Esto es, claramente, lo que está sucediendo. La Iglesia es sólo atractiva para la extensión de la Verdad, y es sólo Verdad cuando extiende correctamente todas sus doctrinas. El dejar fuera a María equivaldría a alterar su apariencia y su carácter a un grado tal que no fuera reconocible.

La Iglesia sin María ¿sería identificada como la Iglesia Católica? Resulta más que dudoso. Ciertamente, Dios no reconocería en tal producto la Obra Redentora que El proyectó antes de todos los siglos. Porque aquel proyecto hizo a María primera en orden de tiempo, y esencial en orden de importancia. El montó el futuro sobre Ella. Ella no fue su elemento primario; lo fue Jesús. Pero Ella sola trajo aquel Elemento primario y, por consiguiente, es parte del Plan Divino en toda su extensión, de forma que, radicalmente, disminuirla a Ella es sabotear el provecto.
Echemos una mirada hacia lo que la Santísima Tri­nidad pensó para Ella desde toda la eternidad. Ella fue escogida para ser la Servidora, la Madre del Redentor y Su leal cooperadora. Le iba a ser ofrecida la Salva­ción del mundo para recibirla o rechazarla. Fue una transacción real, como lo fue subsiguientemente su asen­tamiento a la muerte de su Hijo. Su voluntad no fue puesta a un lado, ni tampoco presionada, pero sus de­cisiones fueron seguras, firmes. Nosotros debemos com­prender qué significa todo esto. Ocurrió que Ella fue llevada a una casi-identidad no Personificándose en Ella, porque esto se interponía con el Plan Divino, que exigía que María fuera completamente humana, de forma que fuese absolutamente representativa del género humano. Esto era imperativo.
El elemento clave del designio total era que se per­mitiese al hombre contribuir a la máxima extensión posible en la tarea de su propia salvación. (San Pablo a los Filipenses, 2, 12). En este convenio María establecería el modelo y sería el principal exponente. La Teología la describe como la Nueva Eva y añade su participación esencial como mujer que dio vuelta a la fatal acción de Eva en la Caída. Con la diferencia de que en el paralelo de Jesús y María todo toca lo Infinito.
Aun cuando Ella no es divina, su unión con el Es­píritu Santo es tan estrecha que sólo tiene que desear, y su deseo es concedido. Ella ve siempre y en cada de­talle, Su voluntad, y la refleja en la acción. Es tal la relación entre Ellos, que el Espíritu Santo podría —es un decir— entregar a Ella la total dirección de los asun­tos y no obstante todo seguiría exactamente igual.
Observarán que esto es lo que ustedes han conoci­do en la Promesa Legionaria. Recientemente, en una Peregrinación a Inglaterra un Sacerdote sugirió que la Promesa Legionaria pudiera excluirse de la Legión. Este es el caso probablemente; pero, ¿por qué no, si la Le­gión cree que sus fines serán servidos sólo por miem­bros que poseen un conocimiento correcto del lugar que ocupa Nuestra Señora? Ella puede poner solamente por delante su poder real (lo que los santos llaman su casi correspondencia), a través de material que tiene alguna afinidad con Ella. ¿Pero qué afinidad tiene Ella con el que duda, con el picapleitos? Sin embargo, cuando Ella encuentra almas afines, cuan hábil es para ensalzarlas. En ellas encuentra la palanca de Arquímedes que puede mover el mundo. . .
Un día, hace ya tiempo, algunas personas que pron­to llegaron a ser las primeras Legionarias, invertían gran número de horas discutiendo acerca del papel de María en el Plan Divino tal como lo presentaba la Verdadera Devoción de San Luis María Grignon de Montfort. Una santa curiosidad me hizo llegar hasta ellas. Se trataba de personas sencillas y a ninguna se le ocurría adoptar una actitud de duda. Hacían preguntas. El motivo de estar allí era conseguir información. Al final de la se­sión estaban satisfechos. Se sentían contentas de saber que Nuestra Señora era tan grande, mucho más de lo que ellas habían pensado. La idea fue como un alimento para sus almas y aparentemente venía a establecer una nueva relación con Ella.
Diecisiete días más tarde y como consecuencia de una serie de circunstancias, aquellas personas vinieron juntas, de nuevo, y a otra habitación de los mismos lo­cales, con las mismas premisas. Su propósito era formar la Legión de María. En aquél escenario sus espíritus volvieron a la discusión previa sobre Nuestra Señora, y su idea brotó automáticamente de allí. Ellas razonaron ¿Como uno poner en juego esa cuasi-omnipotencia de María en una sociedad apostólica?
Alli no se habló de constituir a María la patrona de sus operaciones, ni siquiera se hizo la sugerencia porque ahora la veían a Ella como demasiado grande para esto. En aquella categoría entraban los grandes santos, María es el Arbitro de la salvación del mundo, la Madre de Dios y de los hombres. Esposa del Espíritu Santo. Mediadora. ¿Cómo podía comunicarse todo ello a un grupo de personas que desean hacer algo por las almas?
Ellas habían venido dándole vueltas a una forma de organización. Todo lo que consideraron necesario ha­cer, fue volver hacia el radiante personaje, sobre el cual habían aprendido cosas tan vitales, y decirle: "¡Guía­nos!". Y Ella lo hizo. Y comenzó la campaña que iba a llevarles a todos los países del mundo.
Cincuenta años o algo más tarde, el Papa Pablo haría un par de importantes comentarios concernientes a aquella nueva Obra, ahora crecida ya a cierto tamaño Declaró el Papa que era el más importante desarrollo en la Iglesia desde el levantamiento de las grandes Órdenes Religiosas. Añadió que lo que a él más le gustaba de ella era cómo utilizaba a las gentes sencillas del mundo.
Previamente, ya el Papa Juan dijo algo que es lo más preciado de todo, a saber: "que la LEGION DE MARIA presenta la verdadera faz de la Iglesia Católi­ca". Esa frase toca el techo más alto y no es necesario decir más, excepto insistir en que María es la razón de todo cuanto se ha logrado.
Ustedes han rendido a la Legión el homenaje de adoptarla y de haber puesto sus corazones en ella. No se vuelvan jamás atrás en ese acto de FE en Nuestra Señora. No permitan que haya nunca en sus mentes un pensamiento de desestimación hacia Ella. Porque por mucho que haya crecido nuestro conocimiento sobre ella, todavía estaremos sólo débiles en ese crecimiento.
"Las conquistas vienen a través de María", dice el actual Santo Padre. Y justamente ahora nosotros estamos comprometidos en un sueño especial de conquista. Esta­mos mirando a Asia y preguntándonos cómo vamos a asentar la influencia-maternal de María, rebosando sobre aquel Continente donde vive la mayor parte del género humano, pocos de ellos cristianos. Nosotros miramos a Filipinas como ingrediente principal de este sueño de FE. Aquel país, declarado en 1930 hallarse tan derrumbado religiosamente como para considerar virtualmente impo­sible su recuperación, fue llevado rápidamente a las prácticas por la Legión. Tanto, en realidad, que el en­tonces Arzobispo O'Doherty, de Manila, les propondría la conversión del Este. "¿Por qué no?" dijo "¿No son ustedes la única nación Católica de Oriente?"
Cuando en principio escuchamos nosotros aquella sublime sugerencia, inmediatamente vino a nuestras men­tes que, un millar de años antes, Irlanda había llevado a cabo una proeza de no menor imposibilidad, devol­viendo Europa a la Fe después de su hundimiento con el Imperio Romano. Aquella fue la epopeya a partir de la cual hemos derivado su nombre hacia PEREGRINATIO PRO CHRISTO.
Hace varios años que "MARIA LEGIONIS" tuvo una portada que mostraba a Nuestra Señora en medio de los Apóstoles, en una reunión planificadora. El cua­dro trataba de retratar algo que realmente debió ocu­rrir. Indudablemente los Apóstoles se reunieron con el propósito de señalar distritos para evangelización, al tiempo, ciertamente, que tenían a Nuestra Señora en su centro. Ante ellos una especie de mapa del mundo co­nocido, probablemente con las partes más cercanas su­ficientemente precisas, y menos las más alejadas, varian­do los Permitidme men­cionar como punto relevante, que las paredes de un gran pasillo del Vaticano, están completamente decora­das con mapas primitivos de cada parte del mundo. Es­tos mapas fueron recopilados con reportajes traídos a casa por misioneros y exploradores. Nadie se ha perca­tado de cuan deudores somos en ese aspecto, de los Misioneros.
Vuelvo otra vez a aquella reunión de Nuestra Señora, San Pedro y los apóstoles. Tratemos de imaginar la afanosa devoción con la que parcelarían todos aquellos distritos. Cada cual proponía almas por las cuales Jesucristo había muerto y a las que había que dárselo. Necesariamente tenían que aparecer primero los lugares que ellos conocían algo. Pero como el mundo aparecía a la vista, la noticia tenía que ser llevada. Ustedes ven semejante proceso de trabajo intenso en vidas tales como la de San Francisco Javier. El Oriente estaba dispuesto, ' finalmente, Japón y China. Ahora cada lugar de la tierra es conocido y ¡espera!

Hace un mes más o menos estuvimos presentes en una especie de chispita de aquella poderosa reunión planificadora original. Fue un día de planificación preparada por nuestro Comité de Peregrinatio, y los Oficiales del Concilium fuimos invitados a ella. Los miembros del Comité se hallaban alrededor de Nuestra Señora representada por su imagen. Ante ellos había varios mapas que abarcan todo el mundo en profundo y esmerado detalle. Los ojos de todos los presentes recorrieron todos aquellos mapas durante el día. Sus mentes estaban absortas en la idea de cómo debe transmitirse la Fe Católica a tres mil quinientos millones de personas que no la tienen, pensando al mismo tiempo en los quinientos mi­llones que tienen Fe pero pudieran mejorarla. Un escéptico, contemplando aquel grupo tan inten­samente ocupado, pudiera ser casi dispensado ante una despectiva valoración. Estaban fuera de sus sentidos. ¿Qué podían hacer ellos en un problema de tal infinitud?
Pero ahí es donde el despectivo estaría equivocado. Puede hacerse mucho en este aspecto porque la Divina infinitud obra contra aquel insoluble problema. Brotan ideas, son discutidas, referidas a Jesús y a María, y luego las ponen en práctica. Las almas son tocadas y comienza la expansión. Se ha puesto en marcha la evangelización en algunos lugares más. La vida católica está en marcha. Quizás aquellos lugares jugarán un valioso papel en días futuros transmitiendo la FE a otros. Recordad lo que acabo de decir respecto a Filipinas. Hace cincuenta años formaban parte del triste problema. Actualmente depositamos en ellos la mayor parte de nuestra esperanza. ¡Qué contraste!
Nosotros vemos que ello puede reducirse más bien a un proceso mecánico. Si hacemos nuestro ferviente acto de fe en Jesús y en María, y luego confiamos el problema al sistema de la Legión, es casi como ponerlo en una cinta transportadora. Ese es el camino. El ca­mino ¿hacia dónde? Inevitablemente a una inmensidad que no puede ser medida por nuestra pobre contribu­ción, sino por el Poder y el Amor del Cielo. Las pers­pectivas son interminables si nosotros vamos de la mano de María. No habrá en nuestro camino un letrero que diga: "Hasta aquí irás, pero no más lejos".
Así, debemos introducir a otros en nuestros pla­nes hasta que todos aquellos pequeños nidos de creyen­tes apostólicos sean legión en número y en nombre. Real­mente ¿podemos nosotros inducir a cada legionario del mundo a entregarse a este sueño sobre las almas? Si cada uno pudiera ser inducido a rezar un minuto del día sobre un mapa del mundo, se produciría una bre­cha de entrada para la operación maternal de María. Y ello es parte de su oficio maternal, que Ella toma en cualquier oportunidad. Nada es más cierto que algo ocu­rriría. Soñando con María tendríamos la más sólida de las acciones para que Ella añada lo Suyo en lo esencial. El único error que podemos cometer nosotros es soñar a un nivel muy bajo, donde la FE es floja y débil.
Por tanto, debemos pensar en términos aparente­mente imposibles: la conquista del mundo de las almas. María hará que el sueño se convierta en realidad.
Folleto editado por el Senatus de la Legión de María
Sur-américa - Colombia - Medellín.

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