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viernes, 4 de septiembre de 2026

La Devoción a la Santísima Virgen

Tema del Programa de Radio María, "Soy Todo Tuyo, Reina Mía" que la Legión de María presenta con mucho cariño y alegría. EDUARDO RAMIREZ - EL SALVADOR 
Transmitido el 28 Agosto de 2011

La Devoción a la Santísima Virgen, tomado del libro “Curso de Teología sobre la Santísima Virgen María”, escrito por dos sacerdotes mexicanos, Gustavo Ruiz Ruiz y Alberto Vega Ponce, que tiene el Nihil Obstat del censor Blas C. Bonet Caffaro, C.R. y el Imprimatur de fecha 13 de Enero de 1992, del Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, Arzobispo Primado de México.

La devoción a la Santísima Virgen

María, por su gran poder de intercesión, consigue mayores gracias de Dios

La devoción, dice Santo Tomás de Aquino, "no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios” (Santo Thomas. II-II, q.82, a.1). La devoción, pues, radica en la intimidad del que se siente inclinado al servicio amoroso de quien le es superior, que en el caso que nos ocupa es la

Madre de Dios y Madre de todos los hombres.

Cuando se acepta con fe y buena voluntad la primacía de Santa María sobre los

Ángeles y los Santos, por ser la Madre de Dios y por su estrecha relación con los misterios de Cristo Redentor, se produce en los cristianos una actitud de veneración a María tal, que se manifiesta en un culto litúrgico lleno de respeto, en devoción personal recia y profunda, en prácticas de piedad que la Iglesia recomienda y bendice. Esto no entorpece el culto a Dios, sino que lo favorece e impulsa.

EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LA AUTENTICA DEVOCION A MARIA

El Concilio Vaticano II enseña que las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios, que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la sana y ortodoxa doctrina, teniendo en cuenta las circunstancias de lugar y de tiempo, así como el carácter e idiosincrasia de los fieles, hacen que, al honrar a la Madre, el Hijo sea más amado. Por ello recomienda también las prácticas de piedad marianas tradicionales, reconocidas por el Magisterio y admitidas por los Obispos de los lugares.

Su forma y duración variará para cada lugar y, con el correr del tiempo, hasta pueden derivar sus modos y esplendor; pero siempre, ya sean públicas o privadas, tenderán a honrar a nuestra Madre y a conseguir su intercesión poderosa.

El culto a la Madre de Dios, a través de sus imágenes o cuadros, queda bien patente que es según el sentido que se le da en la Iglesia: No se venera la imagen o el cuadro como tal, sino a la persona representada.

El Concilio asimismo explica cuál debe ser la verdadera devoción a María: no un afecto estéril y pasajero, ni una vana credulidad; sino que la recta devoción a Santa María necesita de una fe viva, que lleva al amor y se traduce en imitación. (Constitución  Dogmática  Lumen Gentium, nn.66 y 67).

Con el Beato Juan Pablo II podemos decir: "Se trata aquí, no sólo de la doctrina de la fe, sino también de la vida de fe y, por tanto, de la auténtica espiritualidad mariana, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven en los diversos pueblos de la tierra" (Encíclica Redemptoris Mater, n.48).

LOS FRUTOS DE LA DEVOCIÓN A MARIA

Si el objeto último de la devoción a María es honrar a Dios y, con El y por El, a su Santísima Madre; el fruto que esa devoción produce, hace que el hombre mismo se beneficie con tan pródigos y tiernos cuidados que tiene la Virgen María para con sus hijos.

Los frutos de la devoción a la Santísima Virgen son los siguientes:

a) Quienes la honran obtienen una mayor benevolencia de parte de María Santísima. Ella por su gran poder de intercesión, consigue mayores gracias de Dios para que vivan mejor su vida cristiana, conduciéndolos hasta las cimas de la santidad. Ella es la Reina de los santos.

b) A los pecadores, que junto con el deseo de enmendarse la honran y se ponen bajo su protección, les alcanza la gracia de la conversión y no dejará de socorrerlos y de conducirlos a Dios. Ella es Refugio de los pecadores.

c) A quienes la invocan confiada y perseverantemente, María Santísima puede alcanzarles la gracia de la perseverancia final, don inestimable, como lo llama San Agustín.Y, por eso, le pedimos en el Ave María: "ruega por nosotros... en la hora de nuestra muerte". Ella es Auxilio de los moribundos.

d) Finalmente, si tenemos en cuenta que la devoción a María Santísima se deriva de la fe en la Encarnación redentora, a mayor fe, mayor devoción y, en consecuencia, se confirman en la Iglesia los fundamentos de la fe y se desvanecen las herejías. Santa María es Madre de la Iglesia.

LA DEVOCION A LA VIERGEN MARIA ES SEÑAL DE PREDESTINACIÓN

La verdadera devoción a la Virgen María se considera como señal cierta y signo de predestinación. La Iglesia enseña esta consoladora verdad:

"Es muy constante entre los fieles la opinión, comprobada con larga experiencia, de que no perecerán eternamente los que tengan a la misma Virgen por Patrona" (Benedicto XV; Carta Apostólica Inter Soladicia, 22-V-1918).

El Papa Pío XI claramente dejó escrito: "No puede sucumbir eternamente aquel a quien asistiere la Santísima Virgen, principalmente en el crítico momento de la muerte. Esta es la sentencia de los doctores de la Iglesia, de acuerdo con el sentir del pueblo cristiano" (Const. Apostólica Explorata res est, 2-II-1923).

El Papa Pío XII dice: "Tenemos por cosa averiguada que, doquiera que la Santísima Madre de Dios es obsequiada con sincera y diligente piedad, allí no puede fallar la esperanza de la salvación"« (Const. Apost. Sacro Vergente anno, 7-VII- 1952).
Los testimonios de la Tradición cristiana son abundantísimos y prueban a lo largo de la historia la convicción de la Iglesia en esta consoladora creencia.

En los primeros siglos San Ireneo afirma: "María ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano" (Adversus Haereses, 3,22). San Anselmo escribía: "Así como es imposible que se salve quien no es devoto de María Santísima, ni implora su protección, así es imposible que se condenen los que se encomiendan a la Virgen y son mirados por Ella con amor" (Opus, PL. 145, 163).

La certeza de la salvación eterna -fruto de la auténtica devoción a María- es una seguridad de tipo moral, es decir, fortalece la Esperanza teologal. Se deriva, de una parte, de la estrecha vinculación de la Virgen María con su Hijo y, de otra, del amor materno de María santísima hacia sus hijos, que le impulsa a concederles las gracias necesarias para su salvación y, en concreto, la gracia de la perseverancia final en el bien. Por tanto, no es señal infalible de predestinación, ya que esta sólo puede conocerse por una especial gracia y revelación de Dios (Concilio de Trento, DZ.805).

Invocar e imitar a María Santísima son los dos elementos esenciales de la auténtica devoción mariana; por ello, la devoción lleva a la invocación y ésta será sincera si lleva a la imitación -al esfuerzo- de seguir los ejemplos de María. Por tanto, no es señal para aquellos que muy poco se preocupan de cumplir los mandamientos divinos o de recurrir a los Sacramentos.

LAS PRÁCTICAS DE DEVOCION A LA SANTISIMA VIRGEN

La unión con Dios en el Cielo es la meta del hombre; por ello el hombre de fe acepta en el camino de su vida como venido de las manos de Dios las penas y las alegrías, las cosas que nos hacen sufrir y las que nos suponen dicha y, aun la muerte misma. Sin embargo, en ese camino, áspero y arduo a veces, terso y lleno de dulzura otros, hay también un atajo -senda que abrevia y facilita el camino- que es María-. El Pueblo cristiano, "por inspiración sin duda del Espíritu Santo, ha tenido siempre esta intuición divina: es más fácil llegar a Dios a través de su Madre" (F. Fernández Carvajal, Antología de textos, Editorial Palabra, p.1487).

"Ella es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante." San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, n.293).

Origen de las devociones marianas

Desde los primeros siglos de la Iglesia comenzaron a surgir devociones marianas, que el pueblo cristiano, con su repetición en tan diversos países y circunstancias, fue plasmándolas en formas y costumbres que posteriormente la Iglesia recogió en la Liturgia y aprobó en su Magisterio. De ellas hay algunas que se limitan a grupos, o países, o a determinadas épocas. Otras son universales y se viven por todos aquellos que quieren honrar a Nuestra Señora como "se ha hecho siempre, por todos y en todas partes" (San Vicente de Lerins, Commonitorio).

Sería interminable la enumeración de las diversas formas en que, a lo largo de los siglos, las almas enamoradas de María han cristalizado su cariño y devoción por Ella; por eso la Iglesia exclama con toda propiedad: de María "numquam satis", nunca será suficiente lo que podamos decir de Ella al contemplar sus privilegios, como tampoco se saciará nunca el corazón de sus hijos al expresar de mil maneras diversas su gratitud y reconocimiento filial.

LAS DEVOCIONES MARIANAS MÁS DESTACADAS

a)   Las fiestas de la Virgen

En primer lugar está la participación interior -con oración y consideraciones personales- y la exterior -con asistencia a los actos de culto- de las diversas fiestas que, a lo largo del año, dedica la Iglesia para honrar a la Santísima Virgen. En ellas se le alaba por algún misterio de su vida: Madre de Dios, Inmaculada, la Asunción; o por algún título con lo que la Iglesia nos la presenta por alguna actuación en favor de los hombres: como Reina, como Mediadora, como la Virgen Dolorosa, o Nuestra Señora del Rosario; por su manifestación singular en algún lugar donde se le venera: en Fátima, en Lourdes, el Pilar, Loreto, en la Villa de Guadalupe (México), etc.

b) El Santo Rosario

Pocas devociones son tan gratas a María como el Santo Rosario, recomendada por los Romanos Pontífices con tanta insistencia. Innumerables son las gracias que han recibido los fieles a través de esta oración, ya sea recitada en común o personalmente. Además, es conveniente recordar que, al igual que otras prácticas de piedad, el Santo Rosario está favorecido con indulgencias: parcial, si se reza privadamente o plenaria si se hace en familia.

La doctrina sobre las Indulgencias se encuentra en la Constitución Apostólica

Indulgentiarim doctrina de Pablo VI (1967); en el manual de indulgencias actuales, el Enchiridion (1968) y, en el Código de Derecho Canónico (1983), cc.992 a 997.

Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal debida por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos" (Código de Derecho Canónico, c.992).

Los requisitos para lucrar indulgencias parciales (remisión parcial de la pena temporal) son:
a)   Ser sujeto capaz: ser bautizado, no excomulgado y, estar en estado de gracia; b) cumplir los requisitos generales: tener intención de ganarlas y realizar la obra prescrita; c) cumplir los requisitos particulares: tener el corazón contrito.

Para lucrar las indulgencias plenarias (remisión plena de la pena temporal), además de las anteriores, requeridas para la indulgencia parcial, son: confesión, comunión, oración por las intenciones del Romano Pontífice y, excluir todo afecto al pecado, incluso venial.
"Vuestro Rosario -decía el Papa Pablo VI -, es una escalera, y vosotros la subís en común, escalón por escalón, acercándoos al encuentro con la Señora, que quiere decir al encuentro con Cristo. Porque ésta es una de las características del Rosario, la más importante y la más hermosa de todas; una devoción que, a través de la Virgen, nos lleva a Cristo. Cristo es el término de esta larga y repetida invocación a María (Alocución, 10-V- 64).

Repetir el Ave María y las demás oraciones no cansa si se pone esfuerzo y amor.

"Vivir esa oración maravillosa que es el Santo Rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor" (Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.164).

c) El Ángelus

El Ángelus es el recuerdo del encuentro del Ángel con Nuestra Madre, en el cual le anunció su divina maternidad. Recitarlo todos los días a las doce o en la media tarde, con pausa y atención, nos traerá la presencia de la Señora y el agradecimiento por su respuesta. Como es una práctica breve, que suele tenerse en medio del trabajo y las ocupaciones del día, conviene recoger nuestro pensamiento con intensidad, ponerlo en Nuestra Señora, recitarlo sin prisa y de memoria y aprovechar para renovar el ofrecimiento de nuestro trabajo y de nuestro amor a la Virgen. En el tiempo pascual se reza el Regina Coeli.

d) El Escapulario de la Virgen del Carmen

Llevar el Escapulario de la Virgen del Carmen o alguna otra medalla es señal de fe en su intercesión poderosa y símbolo de nuestra alianza con Ella. El uso del escapulario del Carmen ha de ir acompañado de una disposición consciente y devota, a la par de unas prácticas de piedad marianas que pueden reducirse –si no se llegó a otras más largas- a las tres Avemarías de la noche. En la ceremonia de imposición, el sacerdote recuerda que se debe recibir "impetrando a la Santísima Virgen que, con su gracia -de Dios-, lo lleves sin pecado, te defienda de toda adversidad y te conduzca a la vida eterna" (S.C.R., 24-VII-1968, Elenchum Ritum, CELAM, p.249).

El origen del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen se remonta al año 1251, fecha en que se apareció la Virgen a San Simón Stock, inglés, a quien dijo: "Recibe, hijo queridísimo, este escapulario en prenda de mi alianza y como privilegio para ti y para todos los que lo usen. El que muera vistiendo éste hábito no padecerá el fuego eterno".
Más tarde, en una aparición al Papa Juan XXII, mandó que se hiciera saber a cuantos llevasen el Escapulario "que saldrían del Purgatorio el sábado siguiente a su muerte" (Privilegio sabatino).

Nota: El fiel que por primera vez lleva el Escapulario, debe recibirlo con imposición y bendición hechas por el sacerdote. Al reponer el Escapulario, por pérdida o destrucción, basta la bendición de cualquier sacerdote. El Escapulario de tela puede cambiarse por una medalla escapulario de metal con la condición que ésta tenga en una cara la imagen de Nuestro Señor Jesucristo y, en la otra, la imagen de la Santísima Virgen.

e) Las tres Aves Marías

No acostarnos nunca sin rezar con devoción tres veces el Avemaría, es costumbre que puede valernos para que nuestros últimos pensamientos vayan hacia María Santísima, que vela nuestro sueño y, con su poder, puede alejarnos al enemigo de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Repetimos pausadamente y con devoción las palabras que fueron pronunciadas por el Arcángel Gabriel y por Santa Isabel, y por las palabras del "Santa María" que le compuso, con veneración la Iglesia.

Es muy recomendable rezar de rodillas las tres Avemarías cada noche al acostarse y, cada mañana al levantarse, añadiendo al final esta breve oración: "¡Oh María, por vuestra pura e Inmaculada Concepción, haced puro mi cuerpo y santa el alma mía!" (San Alfonso María de Ligorio).

f) El sábado, día de la Virgen

El sábado es tradicionalmente en la Iglesia el día de la semana que se dedica a la Virgen, y en él podemos manifestarle de modo más intenso nuestro cariño, estando más pendientes de Ella a través de jaculatorias, miradas a las imágenes -se le pueden poner flores frescas ese día a sus imágenes-, recitando las oraciones tradicionales como son el "Acordaos", "Oh Señora mía", y en especial la Salve, que nos ayudará a vivir lo que dice Camino en el punto 276: "Si te acostumbras, siquiera una vez por semana, a buscar la unión con María para ir a Jesús, verás cómo tienes más presencia de Dios" (San Josemaría Escrivá de Balaguer).

g) La consagración a María

Un medio eficaz para vivir fielmente los compromisos del Bautismo (Beato Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, n.48) es la consagración a María, que puede hacerse de dos formas: considerando a María como Reina (consagración de esclavitud mariana) o bien, como Madre (de piedad filial mariana). A modo de ejemplo, señalamos las compuestas por: San Luis María Grignon de Montfort (Tratado de la verdadera devoción a la Virgen) y, San Alfonso María de Ligorio (Las glorias de María).

h) Otras prácticas de piedad marianas

Las romerías o peregrinaciones a Santuarios o ermitas dedicados a la Virgen.

Las Romerías o peregrinaciones pueden hacerse de maneras muy diversas: sea en grupos muy numerosos y recorriendo grandes distancias, bien en pequeños grupos y haciendo un recorrido corto.

Una manera que puede ser muy práctica es la siguiente: dirigirse a pié hacia algún Santuario, Ermita, etc., dedicado a la Virgen, en grupos de dos o tres personas; caminar hacia el lugar, al menos, la duración del rezo de los cinco primeros misterios del Rosario. En el lugar mismo rezar otros cinco misterios incluyendo las letanías y volver caminando, al menos la distancia de otros cinco misterios. De esta forma se rezan y meditan quince de los veinte misterios que forman la corona o rezo completo del Santo Rosario. Se aconseja que en estas ocasiones no se tome ningún refrigerio como un pequeño detalle de sacrificio en honor de Santa María.

El mes de mayo, está dedicado a honrar a la Virgen María. Su origen remonta, en España, a San Alfonso X el Sabio (siglo XIII),  En este tiempo los niños suelen ofrecer flores a María, los adultos acostumbran hacer algún sacrificio diario, rezar el Rosario en familia, etc., y todos los fieles procurarán acercarse al Sacramento de la Penitencia para reconciliarse con Dios y tener su alma limpia como la de la Virgen.

El mes de octubre está dedicado a rezar el Santo Rosario, costumbre que surge en el siglo XIX con ocasión de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, y que el Papa León XIII lo extiende a toda la Iglesia.  En particular, se ha de promover el rezo del Rosario en familia pues, como enseña la Iglesia, la familia que reza unida permanece unida.

Las miradas a las imágenes de la Virgen, que se encuentran en las habitaciones, calles, iglesias... y que van acompañadas con el afecto del corazón o una jaculatoria -pequeña frase de amor- en el interior de nuestra mente, con verdaderos votos de fe y amor, confianza y cariño con nuestra Madre.

RESUMEN

1.   ¿Qué es la devoción en general?

La devoción, dice Santo Tomás de Aquino, "no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios” La devoción, pues, radica en la intimidad del que se siente inclinado al servicio amoroso de quien le es superior, que en el caso que nos ocupa es la Madre de Dios y Madre de todos los hombres.

2.   ¿Cuál es el objeto de la devoción a María Santísima? ¿Cómo se relaciona con la Devoción a Dios?
Cuando se acepta con fe y buena voluntad la primacía de Santa María sobre los Ángeles y los Santos, por ser la Madre de Dios y por su estrecha relación con los misterios de Cristo Redentor, se produce en los cristianos una actitud de veneración a María tal, que se manifiesta en un culto litúrgico lleno de respeto, en devoción personal recia y profunda, en prácticas de piedad que la Iglesia recomienda y bendice. Esto no entorpece el culto a Dios, sino que lo favorece e impulsa.

3.   Señalar por qué la devoción a la Virgen tiene ciertos límites. ¿Quién señala estos límites?
El Concilio Vaticano II enseña que las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios, que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la sana y ortodoxa doctrina, teniendo en cuenta las circunstancias de lugar y de tiempo, así como el carácter e idiosincrasia de los fieles, hacen que, al honrar a la Madre, el Hijo sea más amado. Por ello recomienda también las prácticas de piedad marianas tradicionales, reconocidas por el Magisterio y admitidas por los Obispos de los lugares.

4.   ¿Se puede hablar de una Espiritualidad Mariana?

Con Juan Pablo II podemos decir: "Se trata aquí, no sólo de la doctrina de la fe, sino también de la vida de fe y, por tanto, de la auténtica espiritualidad mariana, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven en los diversos pueblos de la tierra" (Encíclica Redemptoris Mater, n.48).

5.   Señalar algunos frutos personales de la devoción a la Virgen María
Los frutos de la devoción a la Santísima Virgen son los siguientes:

a) Quienes la honran obtienen una mayor benevolencia de parte de María. Ella por su gran poder de intercesión, consigue mayores gracias de Dios para que vivan mejor su vida cristiana, conduciéndolos hasta las cimas de la santidad. Ella es la Reina de los santos.

b) A los pecadores, que junto con el deseo de enmendarse la honran y se ponen bajo su protección, les alcanza la gracia de la conversión y no dejará de socorrerlos y de conducirlos a Dios. Ella es Refugio de los pecadores.

c) A quienes la invocan confiada y perseverantemente, María puede alcanzarles la gracia de la perseverancia final, don inestimable, como lo llama San Agustín.

Y, por eso, le pedimos en el Ave María: "ruega por nosotros... en la hora de nuestra muerte". Ella es Auxilio de los moribundos.

 6.   ¿Por qué se dice que la Virgen María es como atajo para ir a Dios?

La unión con Dios en el Cielo es la meta del hombre; por ello el hombre de fe acepta en el camino de su vida como venido de las manos de Dios las penas y las alegrías, las cosas que nos hacen sufrir y las que nos suponen dicha y, aun la muerte misma. Sin embargo, en ese camino, áspero y arduo a veces, terso y lleno de dulzura otros, hay también un atajo -senda que abrevia y facilita el camino- que es María-. El Pueblo cristiano, "por inspiración sin duda del Espíritu Santo, ha tenido siempre esta intuición divina: es más fácil llegar a Dios a través de su Madre"

7.   ¿Por qué se dice que el amor a la Virgen es señal cierta de predestinación?

La verdadera devoción a la Virgen María se considera como señal cierta y signo de predestinación. La Iglesia enseña esta consoladora verdad:

"Es muy constante entre los fieles la opinión, comprobada con larga experiencia, de que no perecerán eternamente los que tengan a la misma Virgen por Patrona" (Benedicto XV; Carta Apostólica Inter Soladicia, 22-Mayo-1918).

8.   Señalar algunas devociones a la Virgen que destaquen más en el ambiente en que se vive.

a)   Las fiestas de la Virgen

En primer lugar está la participación interior -con oración y consideraciones personales- y la exterior -con asistencia a los actos de culto- de las diversas fiestas que, a lo largo del año, dedica la Iglesia para honrar a la Santísima Virgen.

             b) El Santo Rosario

Pocas devociones son tan gratas a María como el Santo Rosario, recomendada por los Romanos Pontífices con tanta insistencia. Innumerables son las gracias que han recibido los fieles a través de esta oración, ya sea recitada en común o personalmente..

Repetir el Ave María y las demás oraciones no cansa si se pone esfuerzo y amor.

"Vivir esa oración maravillosa que es el Santo Rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor" (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.164).

         c) El Ángelus

El Ángelus es el recuerdo del encuentro del Ángel con Nuestra Madre, en el cual le anunció su divina maternidad. Recitarlo todos los días a las doce o en la media tarde, con pausa y atención, nos traerá la presencia de la Señora y el agradecimiento por su respuesta.

        d) El Escapulario de la Virgen del Carmen

Llevar el Escapulario de la Virgen del Carmen o alguna otra medalla es señal de fe en su intercesión poderosa y símbolo de nuestra alianza con Ella. El uso del escapulario del Carmen ha de ir acompañado de una disposición consciente y devota, a la par de unas prácticas de piedad marianas que pueden reducirse –si no se llegó a otras más largas- a las tres Avemarías de la noche.

           e) Las tres Aves Marías

No acostarnos nunca sin rezar con devoción tres veces el Avemaría, es costumbre que puede valernos para que nuestros últimos pensamientos vayan hacia María Santísima, que vela nuestro sueño y, con su poder, puede alejarnos al enemigo de nuestra alma y de nuestro cuerpo.

            f) Otras prácticas de piedad marianas

Las romerías o peregrinaciones a Santuarios o ermitas dedicados a la Virgen.

El mes de mayo, está dedicado a honrar a la Virgen María, de muchas maneras.

El mes de octubre está dedicado a rezar el Santo Rosario, costumbre que surge en el siglo XIX con ocasión de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, y que el Papa León XIII lo extiende a toda la Iglesia.

jueves, 3 de septiembre de 2026

“El Carisma de Frank Duff y la Legión de María”


En el 2011 celebramos el 90º Aniversario de la fundación de la Legión de María y es un año de gracia para todos los legionarios. Para centrar nuestra atención y esfuerzos durante este año, el Concilium Legionis Mariae ha propuesto el lema: “El carisma de Frank Duff y la Legión de María”.

El carisma en sentido católico significa las gracias espirituales y cualidades dadas a cada cristiano para llevar a cabo su función en la Iglesia. El fundador de la Legión de María, el Siervo de Dios Frank Duff, fue dotado de un carisma es decir de un don del Espíritu Santo de extraordinarias gracias para el bien de los demás. El puso este don dándole un gran uso, fundando y guiando la Legión de María. Esto está mejor descrito en las palabras de Mons. Diarmuid Martin, Arzobispo de Dublín:

Frank Duff murió hace 30 años. Este hombre tranquilo y de personalidad modesta, en Dublín, en un ambiente sencillo y tranquilo, el día 7 de Septiembre de 1921 fundó un movimiento de espiritualidad mariana, formación cristiana y oración. La Legión de María es un movimiento que se ha extendido por todo el mundo y ha enriquecido a la Iglesia en muchas partes del mundo, especialmente en momentos en los que la Iglesia estaba experimentando dificultades y persecución. Hemos venido a dar gracias a Dios por el carisma de Frank Duff, un carisma reconocido de manera especial en el Concilio Vaticano II al cual asistió. Damos gracias a Dios por el enriquecimiento espiritual que dicho carisma ha aportado a los miembros de la Legión de María. Damos gracias a Dios por la formación cristiana y el cuidado espiritual que han encontrado millones de personas a través de su contacto con la Legión de María. Recordamos especialmente la tenacidad de este hombre aparentemente retirado: tenacidad en esforzarse sin complejos en llevar el mensaje de Jesús a personas con vidas y circunstancias muy variadas; tenacidad no dirigida por ambiciones humanas sino por una devoción a María, la cual en todos los momentos de su vida abrió su corazón a entender y a hacer la voluntad de Dios. (Introducción a la Misa por el 30° Aniversario del Siervo de Dios Frank Duff en la Pro-Catedral de Dublín, 20 de Noviembre de 2010).

En el 2011, el Concilium pide a todos los legionarios a centrarse en este lema al:

1. Promover con mucha fuerza la Causa del Siervo de Dios Frank Duff.
2. Pedir a cada legionario que tengan siempre consigo las hojas de la oración por la beatificación de Frank Duff para entregárselas a las personas con las que se encuentran en el transcurso de su vida diaria. Al rezar esta oración por la beatificación de Frank Duff, a su vez él puede interceder por ellos. Esta oración se puede conseguir del website de la Legión de María www.legionofmary.ie

3. Recomendar a los consejos de la Legión que organicen una Misa de Aniversario en conmemoración de Frank Duff, a celebrarse si fuera posible por el Obispo de cada Diócesis, y a la cual todos los católicos estarían invitados.

4. Pedir a nuestro fundador por nuevos miembros activos y auxiliares para que se integren a la Legión y que se unan a Nuestra Señora en el trabajo evangelizador de la Iglesia.

5. Remarcar el 90° Aniversario de la Legión de María a través de un evento o emprendimiento apropiado: por ejemplo ¿Podría cada praesidium iniciar un nuevo praesidium?

6. Colocar este lema en la agenda de las reuniones de los Consejos y Praesidia y buscar que haya una realimentación periódica para ver cómo están progresando el lema y los susodichos puntos.

7. Estudiar el Manual de la Legión diariamente si es posible, para empaparse del carisma de Frank Duff y la Legión de María.

Por favor, copie y distribuya a todos los praesidia.

Lema del Concilium
Legionis Mariae para el 2011
“El Carisma de Frank Duff y la Legión de María”

Persevera en la oración unánimemente con MARIA Por FRANK DUFF

Persevera en la oración unánimemente con MARIA
Por FRANK DUFF
manos en oracion
De aquellas personas que abandonan la Iglesia, había dicho el Cardenal Heenan, que lo han hecho por haber previamente perdido contacto con Dios por algún tiempo. Con esto significaba Su Eminencia que han dejado la oración. Naturalmente tenemos que transportar esta idea un poco más ampliamente y razonar que muchos de los que se encuentran débiles en la fe aunque sin dejar la iglesia, están sufriendo de la misma enfermedad en grado menor; puede ser que oren pero lo hacen en forma insuficiente.

¿Puede darse mayor tragedia que la de las personas que andan deliberadamente fuera del Arca de la Salvación o que, permaneciendo en ella, sacan poco provecho de ella? Esto nos muestra la absoluta necesidad de dar una razonable cantidad de oración a nuestras vidas, lo que no es fácil en el caso de personas muy ocupadas. La respuesta a este pretexto de estar demasiado ocupado es que para comer se tiene tiempo sin ninguna dificultad. Pero precisamente la oración está en la misma categoría de los alimentos. Es tan necesaria al alma como la comida al cuerpo. Y por lo mismo debe hallar su puesto. Esta es la verdadera posición.
Nuestro inmediato problema es: ¿Cuánta oración y de qué clase?

meditacion

La respuesta es muy difícil, pues depende de lo ocupada que esté la persona. Unas personas no pueden darse a la oración el mismo tiempo que otras. Más aún, hay que tener en cuenta que también el apostolado debe hallar su tiempo y su puesto. Dejando a un lado el apostolado, su tiempo puede emplearse para la oración. Pero esto sería una falta de equilibrio. Deben darse las dos cosas el apostolado y la oración. ¿Cuánta oración? Todo el mundo sabe cómo ha abordado la Legión esta cuestión. Ella pide un apostolado que se tome por lo menos dos horas a la semana, y una asistencia a una reunión que se lleve una hora y media. Parte de esta reunión es oración y el resto puede mirarse como continuación y parte de la tarea. Además la Legión pide el rezo diario de la Catena. Nadie va a decir que ya esto es bastante oración para una semana, pero la Legión presupone aquí que sus miembros rezan oraciones de propia cuenta. La Legión no se atreve a ordenar qué oraciones deben ser aquellas. En primer lugar, urge vigorosamente el rezo diario de todas las oraciones legionarias sin dejar el Rosario. Sin duda alguna, como lo anota el Manual, el legionario activo debería rezar la misma cantidad de oraciones que el auxiliar.

Pero esto no satisface del todo a la Legión ni en el caso del miembro activo ni en el del auxiliar. Va hasta recomendar los grados de Pretoriano y Adjutor. Estos comprenden la Misa y la Santa Comunión de cada día, más las oraciones de la Legión y el rezo de un Oficio. Aún más, la Legión va hasta recomendar el pequeño Breviario como el Oficio a emplearse. Todo esto llevaría una hora o más por día. Reconocidamente esta es una buena cantidad. Podría declararse que una cantidad semejante es necesaria para preservar la fe y la vida espiritual de una persona, sobre todo si le acompaña un apostolado.

Me atrevería a decir algo sobre la naturaleza de la oración y la clase de oración que posiblemente Dios desea de nosotros. Este es un proyecto temerario porque los pareceres de sólo dos personas no coincidirían. Como dice la frase: tantas opiniones cuantas las cabezas.

Primeramente, la oración se define como la elevación de la mente a Dios. Todo cuanto nos pone en contacto con Dios es en cierto sentido oración, pero no todas las cosas crean ese contacto en grado igual. Una oración sube de calidad en la medida del contenido de fe y de la cantidad de corazón que en ella ponemos.

En segundo lugar, la oración debe ser ortodoxa, esto es debe reflejar la doctrina de la Iglesia. Debe proceder de un alma creyente; la oración de un semicreyente no sería tal y bajaría tristemente de valor. Asimismo, la oración de un progresista que minimizara a la Santísima Virgen, a los Santos y a los Ángeles -y otros principios religiosos- sería manca y sólo tendría el valor de un artículo averiado. Repito que el verdadero corazón de la oración es la fe que hay en ella. Una oración llena de fe heroica es una oración omnipotente.

¿Es oración el apostolado? En sentido lato lo es, pues cumple con una obligación cristiana. Es un servicio vital de Dios; la vida sin él sería incompleta. Sería equivocado reemplazarlo por una oración final. Pero al mismo tiempo no es estrictamente oración, que es un dirigirse directo a Dios, es una entrevista y un diálogo con El. Y oración es solamente en el sentido estricto y formal.

¿Es oración la lectura espiritual? Podría aplicarse la misma respuesta: no es estrictamente oración. Su valor le viene de otro aspecto. Es buena, es necesaria hasta puede convertirse en oración formal. Por ejemplo si -especialmente delante del Santísimo Sacramento- nos ponemos a leer un poco para luego volvemos directamente al Señor y hablar de ello con El; y otra vez volver a la lectura regular seguida de un corto hablar con Él. Una cosa así sería ciertamente oración formal, como tal que la nota dominante fuera el "hablar" y no la lectura espiritual.

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¿Es oración la Lectura de las Escrituras? Pienso que podría responderse con el mismo argumento. Habría tanta oración cuanto el recurrir a Dios y conversar con Él. Si no es más que una lectura espiritual, no le veo que tenga la intimidad y el ir directo a Dios que son las características de la oración.

Por ejemplo, lo siguiente nos viene justo para prueba. Un sacerdote pregunta si un Pretoriano y un Adjutor satisfacen con la lectura de la Biblia a su obligación de recitar el Oficio. Como apoyo de su pregunta refiere que sus Autoridades han concedido a los sacerdotes la dispensa del Oficio divino en caso de que se hayan dedicado a leer una parte de la Biblia por treinta minutos al día. Esto parece extraordinario. Pero en todo caso no es un oficio, y tal es nuestro criterio. La Biblia no satisfaría las obligaciones, entre ellas el Oficio, que tiene un Pretoriano y un Adjutor.

Vuelvo al caso vital de fe en nuestra vida y en cada parte de ella, especialmente en nuestra oración. Imaginémonos que hacemos oración en una ocupación emocionante y halagadora, sea valiéndose de fotografías o de frases divertidas de los libros que usamos, o por otro medio que aleje el cansancio: ¿no hemos quitado también algo de fe en ello?

No obstante, ¿qué es lo que les ha hecho creer a esas personas que la oración es una recreación y que debe ser eliminado todo lo que es difícil? Se ve que no han leído nunca la vida de los Santos. Es verdad que la oración tiene sus cimas de grande gozo, pero normalmente vive en los valles. En gran parte es un trabajo del que sacamos grados de satisfacción que varían como el tiempo. Estando basada en la fe que no proporciona luz completa, la oración será a menudo intensamente laboriosa, si bien es un trabajo de amor. Le es propia la lucha y la dureza. Sería destructor para la vida perder de vista este principio y tratar de evitar toda laboriosidad.

La fe pasa por una prueba que es su verdadera piedra de toque: ver que nada sale de ella. Si algo aconteciera al fin de cada oración, la gente se pasaría solo orando. Lo que vengo llamando fe pura es independiente de resultados visibles o sentimientos agradables u otra cosa cualquiera.

Me serviré aquí de ejemplos para probar esta doctrina.
Los Cartujos gastan once horas al día en oración formal. Tiene además lo que ellos llaman un período recreacional en sus propias pequeñas cosas. Ellos pueden emplearlo en lo que quieran, o sea en prolongar la oración, en lectura y meditación, o en algún ejercicio, como trabajar en madera, pintar, etc. O pueden escribir. Naturalmente no se les ve que saquen ganancia de su meditación y lectura. No se sabe lo que hacen de su trabajo en madera o de sus pinturas. Pero lo que si he averiguado es lo que hacen con sus escritos. Los echan al fuego cuando los terminan.

¡Qué cosa! ¡Con que ellos derrochan así su tiempo quemando lo que les ha costado tanta fatiga! Así es. Y su respuesta es que ellos hacían ese escrito en el preciso momento en que hacían su oración en el Señor. El mérito de ello está en Él. Él lo puede emplear según su beneplácito. Por aquí se ve lo que es la fe pura. Si ellos vieran sus escritos publicados, y si escribieran con tal fin, ese elemento de fe pura se disminuiría.

Lo que sigue es un ejemplo duro de lo que es un ejercicio de fe pura. Las personas de grandes luces van a quedar aterradas, y a llamar a una actitud semejante pérdida de tiempo y faena sin sentido. Pero es precisamente esto lo que la mente mundana piensa de la fe. La fe es una especie de trabajo penoso. Nos dirigimos a un Ser invisible y Él no da señales de oírnos o respondernos. Aquí entra la fe. Tratamos con el Invisible y contamos con ser respondidos. No vemos que saquemos nada de nuestra oración, pero creemos firmemente que nuestra oración es oída y que algún día recibiremos la respuesta, de alguna manera.

Ahora vengo al Rosario. Para la mente moderna el Rosario es anatema, pues todo en él es equivocado. Está hecho de repeticiones como si la idea al acercarnos a Dios fuera recrearle según líneas de esparcimiento humano. Como si debiéramos ser originales en todo tiempo. Como si debiéramos pasarnos confeccionando pensamientos célebres con los propios recursos. Como si no debiéramos repetirnos a nosotros mismos.

En esta forma lo que hacemos es introducir elementos que aún siendo piadosísimos no son estrictamente oración, sino una cualquiera lectura espiritual. Parece que lo que se pretende con ello es dar variedad a nuestra entrevista con Dios. Así Él se distrae y nosotros también. La oración debe ser hecha de variedad. Y todo se pone sobre una base humana como si Dios sintiera sólo lo que nosotros sentimos y como si sus medidas fueran precisamente las nuestras humanas.
 
Pero Dios no tiene necesidad de nuestra elocuencia o ingenuidad o entretenimiento. Un tipo semejante de razonamiento puede dejar totalmente a un lado ciertos elementos de mayor valor, como es el de la fe pura, y también lo que podría llamar una presentación doctrinal, o sea el conocimiento de los principios católicos que podrían llamarse el "detalle" de la fe. Por ejemplo, si en una forma concreta no le hacemos sitio a María en nuestra oración, nos hemos privado de un ingrediente vital. El Concilio Vaticano II le ha declarado Madre de las almas. La ha descrito como Medianera, lo que quiere decir que Ella desempeña una especie de papel vital de mediación en todas nuestras relaciones con Dios. Un reconocimiento de esta realidad debe hallar lugar en nuestra oración. La oración de una persona que repudia formalmente este lugar de María apenas si puede llamarse una oración católica completa, y ha de dudarse de su eficacia.
Dichas estas cosas, debo volver al Rosario. Esta devoción contiene ciertamente este reconocimiento de María, porque en su mayor parte se dirige a Ella. Por otra parte, contiene aquella presentación doctrinal a la que me he referido indicándola como necesaria. Su idea especial es la consideración de los Misterios Cristianos de la Redención de principio a fin. En otro artículo seguiré la ampliación de este aspecto. Mostrando cómo hay algunos otros Misterios de la Redención dignos de ser incluidos en las decenas del Rosario. Propuse: la Inmaculada Concepción, la natividad de María, las Bodas de Cana, la Institución de la Eucaristía, con el cuidado de insertarlos en su propio puesto.
El Rosario no es un mero esfuerzo de entretenerle a Dios con nuestros pensamientos. Es pura oración y petición con algo de meditación. De un modo o de otro el efecto del Rosario es permitirnos descansar en Dios. Decimos nuestras palabras y nos percatamos que Él nos está oyendo y obrando en nosotros.
Si tratamos de ahondar en la esencia de las cosas, me parece que el Rosario tanto como cualquiera otra oración y posiblemente más que otras realiza el verdadero núcleo de la oración. Somos informales con Dios. Nos volvernos de Él a María y hablamos libremente con Él y Ella. No nos estamos distrayendo tratando de pensar brillantes cosas. Estamos justamente orando. Creo que todos estos expedientes de última hora con respecto a la oración son un apartamiento de aquellas ideas sencillas y un desvío a algo que es totalmente diferente de la oración.
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No estoy negando que esas sustituciones sean buenas, sino preguntando si logran ser oraciones. Escribiendo al respecto sobre la importancia del Rosario, no he dudado describirlo como irremplazable, y esto desde todo punto de vista. Y por lo tanto los legionarios pónganse más que sospechosos frente a ciertas proposiciones de aggiornamento. Casi invariablemente estas contiene la sugestión de que el Rosario o debe abolirse o reducirse a una simple decena. En otras palabras, la oración del Praesidium debe reducirse a una mínima dimensión. Naturalmente esta sugestión estará cubierta con azúcar; se propondrá que cuando se acabe de decir la decena, se seguirá con una charla del Director Espiritual sobre algún aspecto del Misterio en referencia o sobre alguna porción de la Doctrina cristiana. Pero aquella charla valiosa en sí misma no es en fin de cuentas oración. Aún más una charla semejante haría desesperadamente pesada la reunión. En la reunión ya se señala una lectura espiritual y la allocutio. Añadir una tercera charla sería desequilibrar la reunión. Algunas personas parecen imaginar que la formación de la gente no es sino asunto de estarle hablando y hablando.

Finalmente vengo a la cuestión del Oficio. Tenemos el pequeño Breviario de la Legión. Entonces, tenemos que lanzamos ardientemente a una campaña de persuasión para que no solamente los legionarios sino todo católico rece este Oficio. Su duración llevará unos treinta minutos. Puede rezarse por partes, si se quiere. Sigue el mismo calendario de la Iglesia y es el mismo Breviario de los sacerdotes, pero compendiado. Se ha puesto toda la diligencia posible en la traducción de los Salmos, de los Himnos y de las oraciones y ha resultado una obra de belleza.

¿Por qué el Oficio también para los fieles? El argumento del Manual es conocido: el Oficio es el culto oficial de oración en la Iglesia, es la voz del Cuerpo Místico; en él todas nuestras pobres voces se mezclan con la voz de Nuestro Señor y asumen la calidad de su oración. Este es el valor especial de la oración litúrgica, colocándola en una eminencia superior a todas nuestras pobres oraciones individuales. Pero hay otro aspecto vitalmente importante. En sí misma y prescindiendo de su valor oficial, el Oficio es una forma suprema de oración pura. El nos coloca de frente a Dios, usando las palabras del Espíritu Santo. El Oficio está estructurado en su mayor parte con los Salmos y extractos de la Escritura, entremezclados con fervorosos himnos, incluidos los cánticos supremos: el Te Deum, Magníficat, Benedictus, Nunc Dimittis.

Léanse los Salmos y se verá que algunos de los versos están puestos en la boca de Dios y otros en la boca de la persona que se dirige a Dios. Por lo tanto es un caso de diálogo entre Dios y esa persona. Ahí tenemos la forma ideal de oración; una conversación con Dios.
En segundo lugar, como las palabras son las del Espíritu Santo, podemos descansar contentos en ellas; no tenemos que distraernos elaborando palabras de nuestra cuenta. Descansamos en los brazos de Dios, al igual que el niño en los brazos de su padre, manteniendo una conversación natural y espontánea con El.

No faltan quienes sostienen que es un ejercicio cansado esto de estarse con la misma rutina todos los días, diciendo las mismas cosas. Pero olvidándose de este argumento, estas mismas personas se ponen a urgir la lectura de las Escrituras que también significaría una repetición. Son doblemente inconsistentes tanto más cuanto que el Oficio está principalmente hecho con la Escritura.

Cada palabra de los Salmos proporciona alimento para el pensamiento y el amor. Hay una belleza literaria en ellos, aunque este aspecto no sea un ingrediente vital; pero sí es una ayuda. Allí se hallan todas las emociones y pruebas de la vida. En todo tiempo podemos fácilmente aplicar las palabras a nuestras propias circunstancias personales. Ya estamos implorando a Dios a base de nuestras necesidades, ya nos hallamos respondiendo por Él acerca de ellas. Se repasa todo el curso de la Historia Sagrada. Aparecen los nombres de todas las personas y sitios especiales. Conforme vamos avanzando nos encontramos con profecías respecto al Redentor y a la Mujer destinada a ser cooperadora suya.

Tomando en consideración todos estos aspectos, sugiero que un Oficio o Liturgia de las Horas, y en particular el Breviario de la Legión, ofrece maravillosamente todos los ingredientes de una oración perfecta. El hace otra cosa: se nos entrega por una media hora cada día. Esta entrega es psicológicamente importante, pues nos ayuda a cumplir con nuestro deber con regularidad al tener un lugar fijo en nuestro horario diario y no permitirnos dispersarnos por cosas secundarias. Tiene su puesto propio en la vida. He conocido muchas personas que han adoptado el pequeño Breviario que hemos venido usando hasta ahora y no he sabido de ninguna que lo haya abandonado. Veo a las claras que estas personas parecen deleitarse en él. Con mirarlas uno ya puede decir que están ellas sacando grandes beneficios espirituales de su práctica. Añado el detalle especial de información de que nuestro pequeño Breviario representará un mejoramiento grande sobre el que hemos venido usando hasta ahora. Y no llevará un tiempo largo de rezarlo.

Resumiendo: la oración no es un accesorio o un paréntesis en la Legión sino su misma alma. Prácticamente todas las proposiciones por una modernización de la Legión parecen perder de vista este punto. Ellos proponen un corte en una u otra forma del lugar de la oración, y particularmente de la oración mariana, en las reuniones. Eso no representaría un mero ajuste sino un irse por la tangente que daría como resultado una cosa diferente a la Legión.
paisaje paloma
La Legión es un mecanismo original y delicadamente equilibrado. Un disturbio de este equilibrio podría llevarla a cosas extrañas, por ejemplo a un mero "activismo" o a un "humanismo" o a una "clase" todo lo cual nada tiene que ver con la Legión.

En particular, todo lo que modificare la actitud característica de la Legión frente a la oración y a María sería destructor. La Legión es una consideración orante con Jesús y con María de los "asuntos del Padre" y un empeño por cumplir con estos asuntos en unión con esta Santa Pareja.

No permitamos ningún falseamiento o desnaturalización de la Legión.

martes, 1 de septiembre de 2026

Contacto


Contacto
Por FRANK DUFF

contacto 1
Según las leyes que gobiernan el mundo espiritual
es necesaria la atracción de un alma para elevar a otra
 (Federico Ozanam)

El primer propósito del Praesidium es enseñar la Legión. Si esto no se hace, su trabajo es vano. Si no sabemos qué hacer o por qué se hace, la Legión se cae en pedazos o funciona ineficazmente. El segundo propósito es enseñar a Nuestra Señora. ¿Pero por qué se puso este segundo propósito? Porque antes de enseñar allí tiene que haber un maestro. El tercer propósito es el apostolado. ¿Por qué no colocar esto antes de Nuestra Señora? Porque Ella va antes del apostolado, que es sólo nuestro aporte a su función maternal.

Habiendo declarado estos principios importantes por vía del preámbulo, procedo a hablar sobre el asunto del contacto a través del que María, la Legión, el Praesidium, y el Apostolado se vierten fuera. Defino el contacto como un encuentro con personas que nosotros debemos volverlo ganancia espiritual. Por supuesto, se supone que como cristianos, nosotros realmente debemos hacer provechoso cada contacto con otra persona. Pero aquí yo aplico la palabra un poco más estrechamente, proporcionándola a nuestra debilidad humana. Yo supongo que está más allá de nosotros buscar convertir cada reunión con otra persona en un encuentro espiritual. Quizás usted puede decir: ¿"Por qué no"? Bien, primeramente porque requiere un grado de valor que todos no lo poseemos todos; por ejemplo el decirle de repente al cartero: ¿"No piensa usted que debe empezar a ir a Misa diariamente"? O al extraño que se sienta a su lado en el autobús: "Está usted satisfecho con su actual religión"? Algunos de nosotros hemos hecho esto con frutos. Pero yo reconozco que tales alturas emprendedoras están más allá de la mayoría de nosotros. Así que yo restrinjo mi definición a los casos más fáciles.

Obviamente el lema de que los legionarios deben estar siempre de servicio, se aplica a las circunstancias generales de nuestras vidas, en el sentido que debemos estar razonablemente a favor de la campanilla de las oportunidades. Muchos de estas oportunidades llegan, y si están alertas verán otras.

Aquí debo hacer una distinción. Yo no pondría en la categoría de acercamiento difícil cualquier trabajo efectuado por los legionarios en su propio distrito o durante un proyecto de Peregrinatio. Aquellos a quienes encontramos esperan por así decirlo al legionario para tratar sobre preguntas de la religión. Por consiguiente los legionarios están nadando con la marea y no contra ella. Ellos no sienten que están siendo llevados por las olas de la conveniencia, y el acercamiento es comparativamente fácil. Igualmente se espera que un equipo de Peregrinatio, yendo a un lugar no católico, hable del Catolicismo y así que el procedimiento es bastante natural. Pero cuando no te esperan, y no debes hablar de religión, entonces se pone mucho más difícil. Para algunas naturalezas esto sería heroico. Pero recuerda la orden de San Pablo de que a tiempo y destiempo de la estación debemos empujar la causa de Cristo. Debemos aceptar este texto en su valor real y creer que es providencial el que hagamos semejante acción, entonces la gracia necesaria para hacerlo no estará más allá de la capacidad razonable. Hay la inferencia además, que si nosotros lo intentamos, algo pasará. Dios no nos exige realizar maniobras inútiles. Les entrego un poco de mi experiencia personal.

Un grupo de nosotros efectúa sus vacaciones viajando en bicicleta por esos lugares de Irlanda que es como se sabe, una atracción para los turistas. La mayoría de éstos viajan en automóviles y no es posible hablarles. Incluso cuando usted haría un contacto momentáneo con ellos, en un lugar particular, sería demasiado breve para utilizarlo en favor de la religión. Pero cuando haya la oportunidad de una conversación nosotros estamos dispuestos a tenerla, sobre todo cuando ellos se hospedan en el mismo lugar que nosotros.

¿Cuál es el resultado? Muestra una posición extraña. Parece sumar a esto que ninguna de esas personas está satisfecha con su propia religión. Su invariable contestación al asunto de la pregunta es, que no significa mucho para ellos. Algunos dirán que no tienen ninguna filiación religiosa en absoluto; otros que ellos no sostienen ninguna opinión religiosa. Nuestro método normal sería entonces preguntarles si ellos no deben echar una buena mirada a la Iglesia Católica. Muy a menudo, de hecho normalmente, esto logra la declaración de que piensan que lo debieran hacer. Frecuentemente nos aseguramos de la promesa de que lo harán. Aquí se presenta una peculiaridad: que la Iglesia Católica es considerada por ellos como algo aparte y diferente de todo lo demás. ¡Ellos están admitiendo que si otras cosas han fallado, el Catolicismo debe de probarse! Note que su respuesta nunca dice que el Catolicismo es sólo igual al resto. Ellos están haciendo de algún modo una clara distinción en sus mentes. Esto está intrigando. Demuestra que nuestro interrogatorio se ha agarrado de un gancho libre; se ha ajustado en su descontento y perplejidad. No importa de qué modo uno examine, esto es significante. Sugiere que una situación providencial se ha creado. Acerca de que si estos encuentros se desarrollan después, no lo sabemos. Pero ése no es el punto. Nosotros estamos discutiendo sobre la realización y uso de los contactos. Enfatizo el hecho de que nuestro acercamiento inicial nunca es rechazado, sino se interpreta más bien como un interés amable.

Quizás a algunos de ustedes podría ocurrirle la objeción de que actualmente cuando la propia Iglesia está en tumulto, no sería el momento ideal pare invitar a otros a efectuar una mirada a ella. Acerca de esto, yo diría que semejante idea aparentemente no se hace presente a estas personas. Sin quizás cualquier razonamiento ellos consideran a la Iglesia Católica, incluso en su tumulto como una proposición sumamente diferente de cualquier otra cosa. Malcolm Muggeridge ha hecho esta distinción en sus charlas de la televisión. ¡Él no tiene ninguna reserva en sus aserciones respecto de que las iglesias protestantes están muertas! Nos advierte que el mismo destino será el nuestro, si no verificamos los elementos desordenados de nuestras líneas. Pero él concede que nosotros todavía estamos vivos. Incluso ha llegado hasta decir que él piensa que se habría unido a la Iglesia, pero no lo hizo por aquellos desordenados.

El hecho es que el mal ejemplo en la Iglesia, es sólo mal ejemplo. Después de un poco de tiempo y un poco de corrección las cosas encontrarán su lugar; la Iglesia surgirá del último de sus inviernos periódicos y entrará en una primavera feliz. Por otro lado fuera de la Iglesia reinan absolutos caos de fe. Nadie sabe en qué creer o lo que tiene que hacer. Esto es bastante comprensible, produciendo sentimientos dolorosos en aquéllos que tienen una noción apropiada de la religión como la revelación y la maestra auténtica, y un apoyo en esta peregrinación. Si ésa es la posición; y si es tan comparativamente fácil de establecer contacto con extraños absolutos en tales circunstancias desventajosas como en la orilla del camino o encuentros en el hotel, entonces enfáticamente usted debe sacar valor de las personas que están por así decirlo a su cuidado, aquéllos que son el asunto de la visita ordinaria del legionario. ¿Se logra este valor?

¿Qué debemos pensar de la pregunta de un praesidium en una reciente reunión del Concilium? ¿Pidieron consejo acerca de lo que debe apuntarse y lo que debe decirse en las visitas de casa en casa? Mi propio comentario a esto era que yo no entendí la mentalidad de esa pregunta. Ese praesidium está discutiendo sus visitas detalladamente cada semana y todavía al parecer no sabe para qué es la visita. Parecería como si ellos pensaran que tienen que tener un tema para discutir y que ya no tienen temas para dar. ¡De verdad debe ser una prueba terrible hacer visitas sin tener algo que hablar en ella y sin un objetivo para apuntar!

¿Pero por qué molestarse sobre temas menores cuándo nosotros tenemos el gran tema del significado de la vida, y donde el propósito indispensable es hacer que las personas den pasos hacia adelante? Aquellos que están haciendo visitas regularmente no tienen ninguna de las dificultades que los obreros callejeros o los peregrinos o los organizadores de fiestas tienen que enfrentar. Yo repito que los visitados esperan que los legionarios hablen de religión. Eso significa que ellos son receptivos, medio listos a hacer lo que se pone ante ellos. En estas condiciones es un poco trágico que los legionarios no sepan para qué están ahí.

Ciertamente la analogía de una guerra debe estar presente en la mente de cada legionario. En el conflicto moderno hay una movilización total. Todos nos inspeccionamos en vistas de conseguir el máximo grado de servicio. El hombre robusto entra en las líneas de lucha, y después de esto el material humano se ordena en sus niveles apropiados de potencialidad, hasta que la Nación esté dando todo lo mejor.

¿No debe enfrentar la mentalidad legionaria los problemas en líneas similares? Su guerra de verdad es santa, es la de ayudar a la Mujer a aplastar la cabeza de la serpiente y para rescatar las almas de los hombres. Así que nosotros no debemos aportar a esa guerra ningún grado menor de intensidad que el que hace comúnmente la Nación. Como la Nación, nosotros debemos inspeccionar las almas con vistas a desarrollar en cada una su capacidad al máximo. Siendo así, nosotros debemos intentar ganar a todos como miembros activos por lo menos. Estamos satisfechos aceptando lo menos aunque no podamos conseguir lo total. E incluso entonces debemos aceptar sólo un grado menos, bajo el entendido de que lograremos llegar a la cima de la escalera gradualmente.

¿No será el primer paso de sugerir de hacerse miembro activo, que dará bastante para hablar? Imagine la protesta y las excusas que saldrán del hombre y la mujer cuando usted les sugiera hacerse miembros de la Legión. "Yo no soy conveniente. Yo no tengo el tiempo". Esto significa que la misma idea de ser miembros activos de la Legión, nunca se les ha propuesto a ellos, por lo que al principio la perspectiva les parece inimaginable. Bien, el Concilio proclama sin ningún término ambiguo la obligación cristiana universal de ser apostólicos; concede que no es obligatorio el cumplimiento de este deber siendo miembro de una asociación. Pero el Concilio afirma que esto se cumple eficazmente de forma organizada.

Esa objeción de no tener tiempo es tratada en el argumento del Manual acerca de prioridades. Esas personas no tienen tiempo porque todo lo demás se enfila antes que el apostolado, no obstante que el apostolado debe tener la primera demanda de su tiempo libre.

Una objeción más válida parecería quedar en la incapacidad de la persona para verse en el apostolado. Él no puede imaginar lo que podría hacer. Pero como el cristiano deber ser apostólico, se extiende a todos, entonces una esfera de apostolado debe encontrarse para todos. ¿Podría suplicar legítimamente "Johnnie Fortycoats" que él no sería bueno para visitar el Palacio de Buckingham, pero quién va a enviarlo allí? ¿No podríamos enviarlo nosotros a algún lugar donde solamente él podría penetrar?

El hecho es que todos deben ser movilizados en el ejército cristiano, así que se debe encontrar un trabajo para todos. El pensamiento lo encontrará.

Entonces después de eso, el miembro de la familia que no se hará miembro activo, inmediatamente debe ser invitado a aceptar algún otro servicio.

¿Y qué sobre la larga espera del Breviario de la Legión que ofrece ricas oportunidades de oración? ¿Ciertamente en lo que se ha dicho, ahí está un programa infinito y una oportunidad correspondiente de hablar sobre él? Así que pregunto: ¿Por qué el Praesidium confundido tiene dificultad en resolver su problema? Es verdad que cuando ellos intentan a lo largo de las líneas anteriores, ellos no conseguirán contestación. Pero ésa no era la pregunta. La pregunta era que ellos no supieron qué hacer en la puerta de una casa. Cuando ellos han intentado honestamente, no pueden culparse de no haber cogido ningún pez. En todo caso el pobre tirón de pez les habrá mostrado la posición austera que apenas cualquiera estuviera dispuesto de servir a la Iglesia.

Dejo las visitas y sigo a la otra categoría grande de almas que se cruzan en nuestro camino. La mayoría de éstos, casi nos chocan, y sería un gran abandono no prestarles atención. Está también la extensa clasificación que he discutido previamente con ustedes bajo el artículo de "Modelo Divino". Estos son casos que llaman nuestra atención por no ser muy comunes. Con respecto a ellos, yo he instado que es aconsejable asumir lo que se llama Acción Simbólica. Lo que ha seguido se justifica por las muchas conclusiones triunfales. Para guardar en sus mentes ese principio del Modelo Divino describo un caso actual. Admito que puede ser sólo pura imaginación y puede no llegar a nada.
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Viene a mí la carta de una mujer protestante alemana desconocida en América. Ella me pide que le escriba una carta de consuelo a su cuñado en Italia que está aparentemente moribundo y en dolor extremo. Ella cuenta la historia. Él sufrió bajo Hitler, escapando estrechamente de la muerte, y huyó a Italia donde él prosperó. Su familia es católica, por lo que pareciera que su esposa es una convertida. Usted estará de acuerdo que esto organiza una posición extraña. ¿Por qué escribir sobre eso a un total extraño? Me golpeó encajando en esa categoría de Modelo Divino. Así que yo simplemente he escrito no más, dándole nuestras ideas legionarias sobre el sufrimiento en el Cuerpo Místico y proponiéndole como un apoyo en su condición dolorosa. Simultáneamente yo escribo a la señora en América. Hablo de nuevo de la doctrina del Cuerpo Místico a través del que nosotros sobrellevamos nuestras cargas, y digo me parece que los viejos y nuevos sufrimientos de su cuñado no son definitivamente para él; pienso que él está ganando para ella la gracia suprema de la conversión que su hermana ya había recibido. Entonces, así como si yo hubiera probado el caso, pregunto: "Qué va hacer usted sobre eso"? Yo no tengo la noción más mínima acerca de lo que pasará. Pero yo sentía que el enfoque legionario dictaba que esta carta mía aparentemente fantástica tenía que ser escrita. Si usted piensa que ve un modelo, debe seguirlo.

Nosotros no debemos restringir nuestros esfuerzos a lo que pensamos que se requiere. Tales juicios están en la superficie y pueden ser tan malos. Es principio esencial del legionario que el máximo esfuerzo siempre sea empleado, independientemente de las perspectivas. Esta es una interesante prueba actual de la sabiduría en ello.

Hace seis meses un legionario plantó dos maoístas ante mí. Eran buenas personas jóvenes, pero al parecer muy alejados. Adoptaron la línea del extremismo revolucionario y declararon enfáticamente que ellos habían roto con la Iglesia. Aunque yo consideré la oportunidad como nula, les di la tarde entera. Habiendo hecho todo lo que pude, no me sentí descorazonado por la falta de éxito. Ahora viene la continuación. El domingo pasado oí con placer infinito que los dos habían vuelto a la práctica de su religión.

En el acto de contacto no debemos poner mucha importancia al resultado visible de las palabras. La mayoría de las personas ocultará su reacción si usted está impresionándolos. Ellos consideran el encuentro como un concurso y no quieren concederle la victoria. Quizás también, como en la naturaleza sus palabras no toman arraigo enseguida, mientras el calor de la batalla está delante. Cuando las cosas refrescan, lo que usted ha dicho destacará indiscutiblemente en sus mentes.

Especialmente al principio el acercamiento, o donde las personas son tomadas por sorpresa, su reacción inicial puede ser el de resistencia. Incluso las personas amables se resisten así con el propósito de conseguir tiempo para pensar. Surgen las defensas y usted es repulsado. No tome esto como el final. Dele la oportunidad a la sorpresa para calmarse. Entonces intente de nuevo. Esta vez, usted puede ser el sorprendido, al recibir disculpas de cómo lo recibieron la primera vez.

Recuerdo el caso en el que un hombre estaba viviendo con una mujer. Ella les dijo a los legionarios visitantes de las circunstancias y les pidió que no se acercaran al hombre -quién a propósito nunca les habló a ellos. Ella dijo que él era muy difícil y que sería únicamente áspero. Las instrucciones indicadas del praesidium eran de enfocarle que arreglara el asunto, ellos obedecieron. Su reacción fue violenta. Él se levantó, tomó a cada uno de los dos por los hombros, los lanzó a la puerta y los tiró al vestíbulo del sótano que estaba en negra oscuridad. Les dijo que volvieran la semana siguiente, así lo hicieron, con miedo y temblando. El hombre estaba allí. Aunque él no los miraba no mostró hostilidad. Y asombra decirlo que unos minutos después él les habló tocante en atender su posición.

Sus palabras y su talante son sus instrumentos de contacto. Por consiguiente el Manual suplica que deben ser modestos y deferentes. Acercándose a otros en este en estos asuntos muy íntimos -su conducta o su opinión religiosa- usted está sobre el hielo más delgado. Está caminando sobre las mismas aguas. Así que usted tiene que desarmar a esa persona por el encanto y la humildad y por la nota de disculpa en su discurso. En el diálogo evite cualquier palabra que sugiera que usted está batallando con la otra persona, o algo que parezca un sermón dirigido a ellos, o un entendido de la ley, -o cualquier cosa que demuestre superioridad. Yo recuerdo una letanía de frases que nosotros nunca debemos usar, como: "Eso no tiene sentido; eso es falso". O, "Usted no ha tomado en cuenta esta pregunta". Tales expresiones son como golpes que matan aquello que usted está buscando, la conversión, de alguna forma u otra. No debe haber ninguna agresividad o muestra de irritación. No protestar aun cuando se reciban insultos. Quede satisfecho con haber declarado la verdad, que nosotros estamos seguros es poderosa y que debe prevalecer. Cuanto peor sea tratado, mayor será la gracia, y también mayor la confusión de su antagonista, y más tarde él estará pensando estas cosas. Él tendrá una repulsión de sentimientos que podría girar el péndulo.

San Francisco de Sales declara una verdad manifiesta cuando él dice que un barril de vinagre no puede atraer una sola mosca, pero que una gota de miel las traerá a todas. Así que no reparta vinagre. Mezcle con un poco de miel sus aserciones de la verdad y sus rechazos al error. Como: "Yo estoy de acuerdo con su argumento. Pero, ¿qué pensaría usted de este comentario mío"? O, "Eso es bueno, pero el Cardenal Newman dice esto sobre el asunto, y no podemos desecharlo simplemente". Siempre manténgase escuchando atentamente, y someta suavemente su argumento.

El acercamiento a un no-católico, no se abre por supuesto, preguntando si él se hará parte de la Verdadera Iglesia. Tal brusquedad no conducirá el otro hacia la Iglesia, sino se lo opondrá. Recientemente se sugirió que un acercamiento inofensivo fuera como sigue: "Alguna vez se le ha cruzado el pensamiento de entrar en la Iglesia Católica"? Nadie podría objetar eso; es respetuoso. Puede traer una respuesta equilibrada. En todo caso, abrirá una despierta discusión de una manera satisfactoria. Si la contestación es: "Bien, yo tengo que admitir que una o dos veces pensé de esa manera", entonces se abre un camino ancho. Si al contrario la respuesta es un decidido "no," entonces su propia contestación será: "Sería una trasgresión de mi parte preguntar por qué usted responde decididamente así"? Entonces él da sus razones; usted escucha atentamente, y usted sólo habla cuando él obviamente termina. No interrumpa mientras él está hablando. Lo más que usted pueda escuchar será lo mejor. El sentido común dicta que él tendrá que darle su tumo y el mismo respeto que usted le dio escuchándolo. Entonces viene su oportunidad.

Nunca tenga miedo de decir: "No sé la respuesta a eso, mi teología no es tan alta". Eso desarma. Tiene la apariencia de admitir inferioridad personal, sin en realidad haberse rendido una sola pulgada. Obviamente no se espera que usted lo sepa todo. Recuerde esa réplica mordaz de un hermano: "Yo no puedo contestarle eso; sólo soy plomero". Entonces continúa diciendo algo como: "Pero yo podría conseguirle la respuesta correcta. O quizás si no le importa, yo podría tratar de de dársela, como el toro en la tienda de loza". Entonces dé su propia explicación que puede ser de hecho bastante buena, y qué habría ganado inmensamente en fuerza a causa del hecho de que usted está proponiéndolo solamente casi sin ningún valor.
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En cada parte de su gran aventura por las almas, dele su debido lugar a Nuestra Señora. La Legión siempre ha estado diciéndole que Ella es la Madre de todas las almas de dentro o de fuera de la Iglesia, una idea derivada del Papa León XIII. Más tarde el Concilio Vaticano II ha proclamado lo mismo. María es la Reina de los Apóstoles en el sentido que Ella es necesaria al apostolado en la doble capacidad de Auxiliadora del apóstol y Madre de aquéllos a quienes se aproximan. Sin su ayuda el apóstol no podrá dar. Sin su maternidad, aquéllos a quienes el apóstol va no recibirán. Ésta es doctrina. Póngala en práctica. Crea firmemente que Ella está casi infinitamente ansiosa de hacer su apostolado fructífero. Ella da fuerza a su palabra más débil mientras al mismo tiempo ablanda la tierra dura en la otra persona. Pero es una condición que usted recuerde, que Ella está allí en ese su a sombroso papel maternal, que ese pensamiento no sea ineficaz en su mente.