lunes, 8 de abril de 2013

22 ORACIONES DE LA LEGION

Las oraciones de la Legión de María son las siguientes, divididas según el orden en que han de rezarse en las juntas. Cuando se rezan en privado no es necesario seguir este orden.
Todas estas oraciones las han de rezar diariamente los socios auxiliares.
La señal de la Cruz que se indica al principio y al final de cada sección de las oraciones, tienen aplicación sólo cuando se rezan en esta forma. Cuando no se dividen, se hace la señal de la Cruz únicamente al principio y al fin de todas ellas.

1, Oraciones que se dirán al comienzo de la junta

En el nombre del Padre, etc.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.
V. Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

OREMOS

Oh Dios; Padre nuestro, derrama los dones de tu Espíritu sobre el mundo: enviaste el Espíritu a tu Iglesia para iniciar la enseñanza del Evangelio; que sea ahora tu Espíritu el que continúe trabajando en el mundo a través de los corazones de todos los que creen en ti. Por Cristo nuestro Señor amén.
V. Señor, abre mis los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de
los siglos. Amén.

Se reza el santo rosario y la salve

V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de
Jesucristo.

OREMOS

Oh, Dios, cuyo Hijo Unigénito nos obtuvo la salvación eterna por medio de su vida, muerte y resurrección; concédenos, a quienes meditamos estos misterios en el rosario de la bienaventurada Virgen María, imitar lo que enseñan y alcanzar lo que prometen. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
V Sacratísimo corazón de Jesús.

R. Ten piedad de nosotros.
V Inmaculado corazón de María.
R. Ruega por nosotros.
V San José.
R. Ruega por nosotros.

V. San Juan Evangelista.
R. Ruega por nosotros.
V. San Luis María de Montfort.
R. Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre, etc.

2. Catena Legionis

(Se dirá a mitad de la junta. Todo legionario debe rezarla diariamente)
Antífona. ¿Quién es Esta que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla?

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso
ha hecho obras grande por mí;
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
a favor de Abrahán y su descendencia
por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona. ¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla?
V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti

OREMOS

Oh, Señor Jesucristo, medianero nuestro delante del Padre, que constituiste a la santísima Virgen, tu Madre, Madre nuestra y medianera ante Ti, haz que cuantos a ti acudieren para pedirte beneficios se gocen de haberlo conseguido todo por Ella. Amén.

3. ORACIONES FINALES

(Que se debe rezar al concluir la junta)

En el nombre del Padre, etc.
Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
 
V. (invocación propia del praesidium)
R. Ruega por nosotros.

(Fuera- de las juntas del praesidium, todos los socios dirán la invocación siguiente):

V. María Inmaculada, Medianera de todas las gracias.
R. Ruega por nosotros.
V San Miguel y San Gabriel
R. Rogad por nosotros
V. Todas las potestades del cielo, Legión angélica de María.
R. Rogad por nosotros,
V. San Juan Bautista
R. Ruega por nosotros.
V. Santos Pedro y Pablo
R, Rogad por nosotros.

(Todos dirán al unísono la siguiente oración hasta el primer Amén, y continuará el sacerdote solo)

Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo.
Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad,
nos habilite para realizar todas nuestras acciones por puro amor a ti,
y a verte y servirte en nuestro prójimo;
una fe firme e inconmovible como una roca,
por la cual estemos tranquilos y seguros
en las cruces, afanes y desengaños de la vida;
una fe valerosa, que nos inspire
comenzar y llevar a cabo, sin vacilación, grandes empresas
por tu gloria y por la salvación de las almas;
una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión,
que hasta el fin nos lleve unidos,
que encienda en todas partes el fuego de tu amor,
que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte,
que inflame alas tibios,
que resucite alas muertos por el pecado;
y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz,
para que, terminada la lucha de la vida,
nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna
en el reino de tu amor y gloria. Amén.
Las almas de nuestros legionarios,
y las almas de todos los fieles difuntos
descansen en paz por la misericordia de Dios, Amén.
(EI sacerdote presente da luego su bendición; si no hay sacerdote:
En el nombre del Padre, etc.]
 
“La fe de María aventajó a la de todos los hombres y ángeles juntos. Aunque vio a su Hijo en el establo de Belén, le tuvo por Creador del mundo: viéndole fugitivo de Herodes, nunca vaciló en creer que era Rey de reyes. Le vio nacer, pero creyó que existía desde toda la eternidad; pobre y desprovisto de todo, le creyó Dueño del universo; le vio tendido sobre unas pajas, más su fe le dijo que era el Todopoderoso; vio como no hablaba palabra y, con todo, creía que era la misma Sabiduría infinita. Oyendo sus gemidos, supo que era la alegría del Paraíso. Y, al fin, le vio morir, blanco de todos los insultos, clavado en una cruz, y, aunque todos los demás vacilaron en la fe, Ella, con la suya inquebrantable, creyó que verdaderamente era el Hijo de Dios” (San Alfonso de Ligorio).
(Esta cita no forma parte de las oraciones legionarias.)

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