

La Santísima Virgen María entró abiertamente en la contienda entre el bien y el mal cuando se apareció a Santa Catalina Labouré, una novicia de las Hermanas de la Caridad en la Rue de Bac de París, y le pidió que acuñara una medalla con su efigie: María se encuentra de pie sobre el globo terráqueo, con los pies aplastando la cabeza de la serpiente (el diablo), tal y como se anuncia en el Génesis, y con los brazos abiertos emitiendo rayos de luz brillante, que simbolizan las numerosas gracias que derrama sobre todo el mundo.
Alrededor de su imagen hay una inscripción: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Esta medalla ocupa un lugar especial en la Legión de María. Ocupa un lugar destacado en el estandarte (vexillum) de la Legión. Alrededor de ella, todos los días, los legionarios de todo el mundo recitan la Catena Legionis, es decir, el Magnificat de Nuestra Señora con esta antífona: «¿Quién es esta que viene como el alba, hermosa como la luna, resplandeciente como el sol, terrible como un ejército en orden de batalla?». Es el grito de guerra de la batalla
El Magnificat de Nuestra Señora con esta antífona: «¿Quién es esta que sale como el alba, hermosa como la luna, resplandeciente como el sol, terrible como un ejército en orden de batalla?». Es el grito de guerra de los legionarios, con María a la cabeza, contra Satanás y sus artimañas. Y no están solos.
Su Eminencia, el cardenal Iván Dias, antiguo prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Vaticano.
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