jueves, 1 de noviembre de 2018

Virgen Milagrosa, 27 de Noviembre

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BREVE HISTORIA DE LA SANTA MEDALLA MILAGROSA

Era el 27 de noviembre del año 1830 cuando una Hermana Vicentina llamada Santa Catalina Labouré oraba fervorosamente en la capilla de su convento. Apareciósele entonces la Reina del Cielo asentando su pie virginal sobre un globo y en sus manos, colocadas a la altura del pecho, en ademán suplicante, ofrecía a Dios otro globo más pequeño. De pronto, esmaltáronse los dedos de María de anillos y pedrerías de belleza extraordinaria, y los resplandores que de allí salían reflejaban con intensa claridad. María mirando dulcemente a la feliz vidente le dijo: "El globo que estás viendo representa al mundo y a cada persona en particular: y estos resplandores son símbolo de las gracias que yo derramo sobre aquellos que me las piden .
Formóse luego en derredor de la Virgen como un retablo de forma ovalada y circundando la visión aparecieron grabadas en letras de oro  estas palabras:
“Oh María, sin pecado concebida, Rogad por nosotros que recurrimos a Vos “

Y al punto las manos de María como agobiadas por el peso de las gracias, simbolizadas por los rayos, se dejaban caer, extendiéndose suavemente en aquella graciosa actitud que hoy nos reproduce su Medalla.
Y viendo esto la novicia escucha una voz que le da esta orden:
"Haz acuñar una medalla sobre este modelo. Quienes la lleven, recibirán gracias muy grandes, sobre todo si la llevan al cuello, gracias que serán más abundantes a medida de su confianza ", y dicho esto, el retablo se entornó para dejar ver a la Hermana en el reverso. Allí se destacaba la M. Inicial de María, y sobre una barra entrelazada, superpuesta una cruz. Debajo del monograma dos corazones; rodeados el uno de espinas y el otro traspasado por una espada. Con aprobación del Prelado se mandó acuñar la medalla conforme al modelo presentado por María y desde entonces, su difusión portentosa por todas las latitudes del orbe.
Esta devoción, ha ido acompañada de tantos, y tales prodigios, curaciones y conversiones en todas las clases sociales, que a voz del pueblo le ha dado por antonomasia el nombre de
MEDALLA MILAGROSA: nombre que la Iglesia ha recogido con fruición para insertarlo en la sagrada Liturgia, estableciendo una fiesta particular el 27 de noviembre y que de día  en día se nos hace más Solemne y querida, porque la Medalla Milagrosa es un don del cielo traído a la tierra por la misma Madre de Dios.
Blindémonos con esta armadura eficaz, y repitamos con frecuencia y amor la jaculatoria, con que María desea que reclamemos su intercesión.
“Oh María, sin pecado concebida, Rogad por nosotros que recurrimos a Vos “
  
MOTIVOS QUE NOS OBLIGAN A AMAR A MARÍA

  A Ella debemos consagrarle todo nuestro amor, no sólo por el admirable ejemplo que de todas las virtudes nos dió durante su vida mortal, sino también porque lo merece por varios títulos, a saber:
 1° Madre de Dios, encerrando esta dignidad todas las hermosuras, todas las grandezas, todos los prodigios sobrenaturales, todos los méritos y virtudes, todas las bendiciones, maravillas y prerrogativas que pueden decirse de María, puesto que es el centro y principio de todos sus privilegios de naturaleza, gracia y gloria. En el dogma de la Maternidad divina, dice el P. Teñen S. J., está cifrado no sólo el misterio de la Encarnación sino todo el cristianismo .

2° Ella es nuestra Medianera; porque habiéndonos dado Dios a Jesús por Ella, también nos comunica por su mediación todos los dones de la gracia. Su intercesión es universal, es decir, que se extiende a todos los hombres, tiempos y lugares; y eficaz, pues como dice San Buenaventura, María por su ruego es toda poderosa con su Hijo, mereciendo ser llamada "la Omnipotencia suplicante".

San Bernardo la llama "el canal y acueducto de las gracias divinas" y San Alfonso "el doctor mariano por excelencia", añade: Así como ninguna línea trazada desde el centro de un círculo puede salir de él sin pasar antes
por la circunferencia, así también del centro de todo bien que es Jesucristo, no puede venirnos gracia alguna sin que pase por María, la cual al recibir al Hijo de Dios, lo rodeó por todas partes, y todo en Ella respira sólo misericordia y bondad,

3o María es además nuestra Corredentora, porque cooperó a nuestra salvación; nuestra Abogada, porque intercede incesantemente  por nosotros; nuestra Patrona, porque nos cuida constantemente; nuestra Reina, porque Jesucristo su Hijo es Rey del Cielo y de la tierra; y finalmente nuestra Madre, porque somos hijos adoptivos de Dios y hermanos de Jesucristo, quien al morir en la cruz, la proclamó oficialmente Madre de todos los hombres en la persona de San Juan cuando le dijo: "Ahí tienes a tu madre" .

Por consiguiente: siendo María nuestra máxima confianza, la razón de nuestra esperanza, la ilusión de nuestra vida y el objeto de todo nuestro amor, es menester conocer e imitar sus virtudes, pensar en Ella, invocarla con frecuencia y propagar su culto, y devoción, profesándole una profunda veneración por sus grandezas inefables, y una confianza filial y sin límites por ser nuestra Madre llena de piedad y ternura


BENDICIÓN   E   IMPOSICIÓN   DE LA MEDALLA DE  LA     INMACULADA     (MILAGROSA)

En el nombre del Padre, etc.
Nuestro auxilio es el Nombre del Señor. Que hizo el cielo y la tierra.
OREMOS: Oh   Dios   Omnipotente   y  Misericordioso, que,  por las múltiples  apariciones  en  la tierra  de   La   Inmaculada   Virgen   María,   te has dignado obrar  maravillas para la salud de las almas, derrama tu bendición sobre esta Medalla (Imagen), a fin de que quienes la veneren con piedad y la lleven con devoción sientan tu protección y obtengan tu misericordia. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
RECIBID, esta santa Medalla; llevadla fielmente; honradla con la veneración que se merece, para que la piadosísima e Inmaculada Reina de los Cielos os proteja y defienda, y renovando los prodigios de su amor, os obtenga misericordiosamente del Señor cuanto pidiereis, y viváis y muráis bajo su maternal protección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
Señor,  ten  piedad, etc.
Padre Nuestro — Ave María.
Oh   María   sin   pecado    concebida, etc.

OREMOS: Señor Jesucristo, que quisiste que tu Santísima Madre, Inmaculada desde su concepción, resplandeciera con innumerables milagros, concédenos que los que imploramos ahora su patrocinio, gocemos un día de los bienes eternos. Tú que vives y reinas...
Capilla de la Medalla Milagrosa 140 rué du Bac — París VII. Con    permiso    del    Ordinario

Oración a la Virgen Milagrosa

Oh Señora y Madre Mía, con filial cariño vengo a ofrecerte este día, cuanto soy y cuanto tengo, mis ojos para mirarte, mi voz para bendecirte, mi corazón para amarte, mi vida para servirte.
Yo te entrego mi pasado, mi presente y mi porvenir, mis penas, mis alegrías serán todas para ti. Y al entregarte mi vida te pido tan solo un Don, que me des madre querida el tesoro de tu amor;
Oh María, te entregamos nuestro hogar y todo cuanto en el nos pertenece, queremos que nuestro hogar sea una casita de Nazaret donde reine el amor y la paz.
Bendícenos a todos y guárdanos en tu Co­razón Inmaculado. Santifica nuestros tra­bajos y alegrías, enjuga nuestras lágrimas, y a la hora de nuestra muerte recíbenos en tus brazos y llévanos al cielo para cantar contigo las alabanzas por toda la eternidad. Amén


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