martes, 1 de mayo de 2018

Cita del Dia


Hay una máxima filosófica que afirma que la bondad es difusa de sí misma, es decir, la bondad siempre quiere extenderse, comunicarse a los demás. Lo mismo puede decirse de esa forma particular de bondad que llamamos alegría.

Ninguna escena de la Biblia ilustra mejor esto que la Visitación. María, habiendo concebido la alegría del mundo, no puede quedarse en casa; ella debe ir a toda prisa para visitar a su prima Isabel. Y tan palpable es la alegría de María, expresada en su saludo a Isabel -el saludo que presumimos no fue otro que el chaire, "regocijarse" - que incluso el niño en el vientre de Isabel podía sentirlo, y saltó de alegría.

En lo profundo de su propio vientre, María dio a luz al Hijo de Dios; pero en su voz, y en su rostro, ella irradiaba la alegría que él le traía.


P. Gerard Deighan, profesor de Escritur


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